Normalmente se dice: “amigo, hay que desconectar un poquito, trabajas demasiado”.
¿Qué ocurre cuando tu trabajo forma parte de tu ocio? ¿Hay que desconectar también?

Normalmente se dice: “amigo, hay que desconectar un poquito, trabajas demasiado”.
¿Qué ocurre cuando tu trabajo forma parte de tu ocio? ¿Hay que desconectar también?
Hay que trabajar con miras a una economía sostenible. Que tenga al menos 3 o 4 patas para que se sostenga bien.
Las reuniones informales dan para esto y mucho más.
Una voz se apaga… Un recuerdo se oscurece… Una vida se hace eterna.
Después de dormir un par de horas para recuperarme físicamente, me levanto con un recopilatorio de Joe Bonamassa a gran volumen. Mi cabeza comienza a dar vueltas con ella subida en la cama, mirándome con ojitos lascivos, saltando y contoneando su delgado cuerpo blanquecino. “Esta música también es perfecta para quitarte la ropa lentamente”, le digo mientras me toco las pelotas. ¡Joder! cómo añoro el sonido de la aguja rasgando el disco de vinilo para estos casos. El sonido es mucho más erótico.
Si no te desnudas al son de los riffs de esta guitarra, subiré yo mismo y te arrancaré la ropa a mordiscos. Hoy me siento como Mickey Rourke en 9 semanas y media, ese canalla atractivo cargado de la suficiente tensión sexual como para irritarte la raja con sólo mirarte.
Después de que un amigo me la recomendara por activa y por pasiva, aludiendo siempre al hecho de que es su película preferida e incluso habiéndomela regalado en dvd, saqué tiempo después de una comida copiosa y le dediqué la tarde relajado en el sofá a Persiguiendo a Amy.
Siendo sincero, esperaba otra cosa. Supongo que me condicionó haber visto previamente otras películas de Kevin Smith (Dogma, Clerks y Clerks 2).
Una historia surrealista cargada de dosis de humor y drama casi al mismo nivel, una búsqueda de sentimientos al límite y ante todo con muchas ganas de romper con los cánones establecidos en el amor.
En vista de que he tenido mala suerte con las últimas películas que he escogido, decidí darle una segunda oportunidad a la serie “Los Tudor” que dejé en el tercer capítulo hace unos meses.
Pese a que no me ha llenado lo suficiente por ser de carácter histórico, he de reconocer que al final no ha estado tan mal.
Jonathan Rhys-Meyer es increíble en su papel de Enrique VIII de Inglaterra, a veces quizás sobreactuado pero soberbio en cuanto a cambios de registro en una misma escena. Muestra perfectamente todos los rasgos de un rey déspota en muchas ocasiones y sobre todo engreído y vanidoso.
El viernes de Womad se presentaba mucho más animado después de una mañana de trabajo tranquila. Quedé con mi amigo Isra que ya había hecho un repaso a los artistas del día y tenía una propuesta clara: el espectáculo estaba en la plaza San Jorge.
El primer concierto al que llegamos fue el de Hindi Zahra, que sonaba muy bien, música muy fresca, pero mientras cogíamos sitio y comprábamos un litro de cerveza en formato granizada, apenas pudimos disfrutarla. Para que no nos pasara lo mismo la siguiente vez, nos centramos y nos posicionamos delante del escenario, expectantes ante el inminente comienzo de Seckou Keita. La gente se mostraba muy entregada, dando palmas, brincando,…, cuando Seckou se fundía con su kora. José y Ana se unieron a la fiesta en cuanto nos localizaron gracias a una bolsa de patatas “el gallo” alzada como si fuese una bandera. A partir de este momento, la maldad se apropió de nosotros y empezamos a sacar parecidos razonables (el violinista del grupo se parecía al hermano alto de Willow).
No sé si últimamente espero demasiado de las películas o es que realmente no son tan buenas como las presentan.
Appaloosa me ha decepcionado pese al gran elenco de actores. El mejor, sin duda alguna, es Viggo Mortensen, seguido de Ed Harris (como director también) y Jeremy Irons muy a la par. Renée Zellweger quizás sea de lo peor, no me ha parecido una buena elección (no sé a quién hubiese puesto en su lugar, la verdad).
Es demasiado lenta y tiene demasiado metraje para una historia simple o sobria (si queremos hablar de ella con eufemismo). Quizás la fotografía es lo que más destaca. Ni siquiera las 2 o 3 escenas que debieran rezumar tensión y crisparte los nervios, lo consiguen.
Por lo demás, creo que no debo extenderme más, ni siquiera para nombrar los mejores momentos que encontré y no recomiendo verla a menos que seas cinéfilo y te veas obligado a comentarla seguidamente. Otra vez será vaqueros.
Un par de platos de espaguetis a la carbonara para coger fuerzas y relajantes naturales para mimetizarse con el ambiente fueron el comienzo del primer día de WOMAD del 2009. A las 19:00 ya estábamos comprando los primeros litros de calimocho para sofocar el intenso calor. Los conciertos empezaban tarde, así que dimos una vuelta corta para coger el programa, echar un ojo por los distintos rincones y de ahí a buscar un sitio donde pararnos un ratino.
Empezó a sonar Manantial Folk que sobre todo animó a las generaciones más lejanas gracias a su música tradicional. Yo aún no estaba muy animado y además estaba pendiente de engullir un rosendo que acababa de comprar. Curiosamente, en una pausa para seguir con la puesta a punto del escenario, un par de individuos se instalaron a nuestro lado con una mini batería y un diyiridú. Nada más ni nada menos que los australianos Wild Marmalade. En cuestión de un minuto, la gente los rodeaba y aturdidos intentaban asimilar unos ritmos extremos que a más de uno le hizo botar.
Mi cabeza es aún una incógnita.
Esto pasa por hacer test estúpidos.