La terna de oro en Tenerife (tercera parte)

Día 23 de Agosto de 2008

Esta vez apuramos un poco más en la cama. El cansancio había hecho mella en nuestros cuerpos. Isra, el más madrugador, quedó con Inés, Marcos y Pelayo y yo me uní al poco de levantarme. Como José tenía una necesidad imperiosa de muchas más horas de sueño, lo dejamos dormir largo y tendido.

Entre unas cosas y otras, nos tocó esperar en casa hasta las 2 de la tarde. Mientras tanto, pudimos avanzar en nuestros libros y disfrutar de la reposición del “España–EEUU” de 1984, un grato preparativo para la revancha de 2008.

Por fin nos recogió Jesús y nos llevó a una zona de la playa de Las Américas conocida como “Monkey Beach”, artificial y de arena muy negra y fina y sobre todo con gratas vistas. En uno de los ratos en los que me tocó cuidar de las cosas, hice gala de mi sociabilidad (en otras zonas de España, cuestionada) y me dispuse a charlar con 3 jóvenes tinerfeñas que tenía delante, pidiéndoles consejo para salir de fiesta por la noche. Todo iba bastante bien hasta que entró en juego el pato suicida o mejor dicho José, con su exceso de agrado compartido, provocando cierto reparo en las chicas a la hora de seguir manteniendo la conversación (también tuvo momentos de galán, pero eso es otra historia que no interesa a nadie).

Para pasar página y dejar que se asentara la situación, José y yo decidimos irnos al agua a hacer de las nuestras, donde dejamos que nos inmortalizaran nuestros culos de blanco satén. Más tarde llegaron de mano de Jesús, Alexis el uruguayo y David (alias Pachi) el jefazo, los litros de rigor y las patatas fritas para matar el gusanillo que rascaba desde hacía unas horas. Como era de esperar y con una pelota entre las manos y los pies, hicimos las delicias de nuestro diablo interno al mismo tiempo que nos despreocupábamos de las toallas que acabaron bajo alguna ola más fuerte que otra.

A eso de las 7 de la tarde y con más hambre que vergüenza, pusimos rumbo hasta una terracita de curioso apodo: “La pasarela”. Cuando me senté no noté nada de especial y me extrañó que los isleños pelearan por la supuesta mejor silla. Todo tenía sentido. En cuestión de unos instantes, las niñas pasaban calle arriba y calle abajo. Ése era el único divertimento, admirar la fauna que campaba al libre albedrío. Cual potros salvajes, hubo más de un relincho y hasta un intento de cercar a alguna potrilla. Y para colmo, los móviles, con el tono del silbido sexy, que se unían hasta por triplicado para hacer nuestras delicias y las de alguna que otra que marchaba con una sonrisa medio disimulada.

Después de haber desencajado un poquito la mandíbula, tocaba adecentarse y cenar fuerte ya que la noche prometía. Por desgracia escogimos el peor restaurante italiano (quizás de toda España) de comida para llevar, con lo que tuvimos que disimular ese sabor amargo con múltiples copas del buen arehucas y una hora aproximadamente de “La amenaza fantasma”. Alguno se excedió y salió más contento de lo habitual (véase José). Curiosamente empezamos en un bar de reggae, el “PaPa Jah”, que tenía mucha marcha, sobre todo propiciada por un entregado “dj” que cantaba a la par que pinchaba la música. Como curiosidad, en el local tenían colgado un cartel que ponía: “Prohibido el consumo de estupefacientes en este local” junto a una foto de Bob Marley.

Entre salto y salto, me percaté de dos vías alternativas de acción: traer de vuelta a José de la dimensión paralela en la que se hallaba mientras escribía chorradas en su móvil y mandaba mensaje sin sentido a gente del otro lado del charco, o acercarme a un trío de chicas aparentemente simpáticas, en especial una despistada y linda morena. Obviamente, todos sabéis la opción escogida y puse rumbo directo a la que más me cautivó, iniciando una conversación agradable que pronto terminó ya que apareció el amigo de turno con el que había quedado para bailar. Sus amigas me acogieron sin reparos y todo fue bastante bien, uniéndose incluso Jesús con su carisma y haciendo que todo fuera mucho más fluido. Al final, el metepatas tuvo que hacer de las suyas y creó un ambiente tirante que intentamos remediar: ¿una paella mañana en El Médano? Aceptaron.

Tocaba cambiar de aires y de camino a la discoteca Magic hubo un pequeño tira y afloja con un grupito de rusas, que con ánimos de juerga, nos invitaron a hacer una fiesta más bien privada, que se saldó con un viraje de su coche para escapar de nuestro alcance. En fin, supongo que nosotros hubiéramos hecho lo mismo si nos hubiésemos querido reír de ellas. Pero no fue el caso.

Isra prefirió quedarse a dormir en el coche, ya que quería estar lo suficiente despierto para la final de baloncesto: “España–EEUU”. El resto entramos en la discoteca, donde el ambiente surrealista terminó apoderándose de más de uno: la chica que parecía una muñeca hinchable con sus prominentes labios y siliconados pechos (quizás una talla 125) que se movía como partes mal encajadas de un puzzle, las gogos con vestimentas minimalistas de dudoso gusto con bultos en sitios que no debiera, las miraditas en el servicio a la hora de descargar y sobre todo, el halo de galaxia lejana en la que se encontraba José.

Por un rato me tumbé en los sillones y me dediqué a analizar el comportamiento del personal: Alexis actuando como un don Juan, Jesús un poco incómodo y José paralizado mirando al infinito mientras degustaba su copa de 10€. Todo parecía ir bien hasta que José resucitó de su letargo e inició algunos acercamientos que acabaron con escapadas repentinas o sorpresas de ciertas personas que le preguntaban por qué les seguía (vio a alguien de blanco, pensó que era Jesús y se fue detrás de él).

Había que romper con el mal rollo, con lo que nos fuimos a la otra discoteca, Liquid, que aunque tenía la misma mierda de música y nos costó 8€ entrar, disponía de una terraza al aire libre en la segundo planta, donde el aire fresco trajo uno de los mejores momentos de la noche: la calma. La última copa y directos al coche para volver a casa. Por un instante, todo pudo haber dado un giro triunfal cuando Jesús y Alexis lograron montar en el coche de unas mulatas ofreciéndose como guías para sus cabezas desubicadas. En un despiste, José se coló también y seguidamente se escucharon unos gritos en francés que no dejaban lugar a duda de lo que significaban.

Nada mejor que un café para reponer fuerzas y olvidar el desatino. Pero ni siquiera en la cafetería conseguimos el ambiente que buscábamos, ya que había un cumpleaños de unos argentinos o nacionalidad cercana a los que José les dedicó alguna que otra palabra más o menos atinadas. Y para rematar, ya por fin de camino al piso para ver el esperado partido, José hizo una vez más gala de su subidón de adrenalina y sacó medio cuerpo por el techo solar del coche a la par que gritaba en repetidas ocasiones: “¡soy el rey del mundo!”. Al principio tenía gracia, aunque sin duda alguna, lo más divertido fue cuando Jesús encendió el limpiaparabrisas y el chorro de agua empapó a su majestad.

Llegamos a las 7 am y nos acomodamos para ver el partido, pero esto entra ya en las crónicas del siguiente día.

La frase destacada del día:

  • Tu hermana ha confirmado lo que yo pensaba durante todo este tiempo. No sales expresamente a ligar, pero siempre estás predispuesto a… ¡Eres un calienta chochos! Me replicó Isra en una conversación sobre mujeres.
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5 comentarios en “La terna de oro en Tenerife (tercera parte)

  1. No sólo el baloncesto estaba en mi cabeza cuando, pasando de todo, me quedé a dormir en el coche. Estaba agotado y el alcohol empezaba a trepar hacia mi cabeza. El niño-del-pato es un liante. ¡Menos mal que me lo perdí!

  2. A ver, vayamos por parte:
    Que yo recuerde, no hice absolutamente nada raro con las 3 niñas de la playa. De hecho creo que no me dirigí a ellas para nada. Sólo le smiraba las tetas cuando no se daban cuenta.
    Con respecto a la noche: la laguna es enorme, pero si así lo cuentan, supongo que así sería. Ya sabéis: entre a realidad y la leyenda, quédate con la leyenda, es más jugosa, y en este caso, seguramente todo lo que cuenten en años venideros de esta noche, probablemente pasó. Vamos, que la borraxera fue de órdago.
    Y para acabar: ¿Liante? ¿Yo liante? ¡Venga ya!

  3. Bonita la playa de las americas, es una zona muy guay y con no muy mala afluencia mujeril. Aunque yo fui en malas fechas y demasiadas guiris cuarentonas frecuentaban el lugar, guardo algun PAR de recuerdos…. no se si me entiendes XD

    Luego en cuanto a las diversas aperturas a sets mujeriles… nada que mencionar, no creo que yo hubiese echo nada distinto jeje Sois unos colgaos y punto. 🙂

    A ver si un día invitas a capo a estos dos señores 😛

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