La terna de oro en Tenerife (quinta parte)

Día 25 de Agosto de 2008

Los días empezaban a pesarnos después de un comienzo bastante agitado de fiestas y horas por dormir. Nos tomamos la mañana de compras por San Eugenio: perfume y tabaco sobre todo. A mí se me antojó algún aparato electrónico, pero no me terminaron de convencer y me fui con las manos vacías.

Isra pensó que estaría bien comer por Adeje y así de paso nos enseñaba lo mucho que había evolucionado la zona, dónde echaba los partiditos de baloncesto con los amigos y dónde se tomaba las cervecitas. En general, tenía buena presencia salvo algún que otro edificio modernista de mal gusto que revolvió las tripas de más de uno.

Después de dar varias vueltas con el coche por las obras, acabamos comiendo en la cervecería Polar todo tipo de raciones y varios litros de cerveza dorada. Pese a todo, no nos terminó de convencer y volvimos a nuestro bar por excelencia, Café y Pan, para disfrutar del barraquito y de paso esperar a Jesús.

Por primera vez en estos días, habíamos aparcado en el parking y nos dispusimos a recoger el coche. Para nuestra sorpresa, al salir querían cobrarnos la tarifa normal pese a que Jesús tenía descuento por ser residente y haber llevado los papeles que lo acreditaban. Hubo un poco de tensión cuando paró el coche y bloqueó al resto que había esperando también para pagar. Una voz más alta que otra y al final nos fuimos con un poco de mala leche en el cuerpo, pero jurando venganza.

Cogimos camino de Masca para admirar el precioso paraje, haciendo una parada primero en la villa de Santiago del Teide para echar unas fotos aprovechando que nos cogía de paso. El camino era casi tan impresionante como las vistas. Incluso podíamos ver La Gomera confundiéndose a lo lejos con las nubes, el cielo y el mar. Una de las cosas que también nos sorprendió es que José no iba dormido en el coche.

En la primera parada, pudimos apreciar la fruta del lugar, los higos chumbos y la puntería de Isra, que desde una distancia de más de 20 metros acertó en el blanco: el culo de José. También es verdad que se merecía haberle tirado la chumbera entera porque no paraba de trabajar y se estaba perdiendo un momento que podía ser inolvidable, pero la cosa quedó en un único lanzamiento. Para pena de José, al querer emular a Isra, sufrió en sus manos los pinchos de la fruta arrojadiza.

En un descuido o en un arrebato, Isra sacó a la luz una especie de mutación basada en el hombre del Neandertal o el pueblero más cerrado que os podáis imaginar (véase la frase del final del artículo).

Un poco más delante, volvimos a parar y de paso intentar despistar a José para reírnos un poquito de él una vez más. Lo conseguimos (ya le decíamos que no se puede estar en misa y repicando).

Y por fin llegamos a nuestro destino, donde Isra actuó de guía aprovechando que encontró un mapa en las cercanías y nos hizo un breve resumen del trayecto seguido y del tipo de construcción que encontraríamos por allí. Tampoco fue de extrañar la actitud de acercamiento de Jesús cuando nos encontramos con un par de jovencitas que no estaban mal. Yo me limité a intentar dejarles a José, haciendo hincapié en que pagaríamos dinero, pero ellas se limitaron a darle un cigarro a Jesús y a mí preguntarme si era pacense. Obviamente nuestra relación no podía pasar a una segunda fase después de tal confusión.

Como aún había mucho por ver, pusimos rumbo hacia Punta de Teno. Pasamos por La Vica, Los Carrizales, Las Portelas, Las Lagunetas, El Palmar y Buenavista del Norte, donde encontramos un cartel que nos indicaba que las autoridades no se hacían responsables de los percances que pudieran ocurrir de ahí en adelante. También pasamos de una tiempo cálido a tener 15 grados menos en cuestión de unos metros e incluso se nos hacía raro pasar entre medias de las nubes, sintiendo la humedad muy cerca.

Volvimos a hacer una nueva parada a pocos kilómetros de nuestro nuevo destino para estirar las piernas y maravillarnos una vez más con el entorno. Y de ahí, a Punta de Teno con su faro. La batería de mi cámara se agotó por desgracia después de haberla estrujado brutalmente con mi dedo a lo “Billy el niño“. Aunque era tarde se podía apreciar aún muy bien el paisaje y a los osados bañistas que nadaban en unas calas rodeadas de barquitas. También vivimos un momento “Rocky” a manos de Isra después de una plena galopada, acabando en un altillo (o quizás mirador) en las cercanías, pegando unos saltitos y recuperando el aliento perdido en el esfuerzo.

Y tocaba cambiar de rumbo, dirección a La Laguna ya que habíamos quedado con Javi, el amigo que jugaba a baloncesto, para cenar. Hicimos una pequeña parada en Garachico que nos supo a poco, ya que Isra y Jesús nos aseguraron que merecía la pena haberlo visto más tranquilamente.

Después de los abrazos y presentaciones de rigor con Javi, nos fuimos al bar Katedral a tomar una salchicha de metro, un combinado bávaro (7 salchichas diferentes con 4 salsas) y cerveza Franciskaner y Erdinger de acompañamiento.

Para terminar la noche, invitamos a los juegos olímpicos a una rubia que corría genial y que amablemente nos mostró sus braguitas en el vaivén. Como no aceptó, nos tomamos la copita de turno en el Estrasse, en la calle cuadrilátero y de ahí a la cama.

Las frases más impactantes:

  • Nunca he tenido puntería y mira hoy, en clara alusión al acierto frutal.
  • Eje, eje, eje, ¡marcial! Aja, aja, los pájaros, las ratas del aire, aja. Whisky. En plena mutación.

El interesante viaje de Santiago de Tenerife a Punta Teno lo podéis ver pinchando aquí.

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4 comentarios en “La terna de oro en Tenerife (quinta parte)

  1. La frase mutacional es de “Muchahada Nui” y la suele pronunciar brutalmente Marcial, el narrador de “Al fresco”. Queda claro que no soy original. Ni tampoco buen tirador, pero… a veces se acierta.
    ¿Cuándo coño fuimos al PUerto? ¡Menuda confusión tengo encima!
    Teno es especial, aunque no pueda explicar por qué (o no me apetezca). Y, como paisaje, también lo es.

  2. Estos niños no entienden que para que unos disfruten otros tengan que echar un rato al teléfono currando (incluso de vacaciones). ¡Que hay que levantar España, coño! Y no se les ocurre otra cosa que tocarme los huevos mientras curro. Me cagüen tó lo que se menea…
    Y tanta puta curva, que me tomé hasta una pastilla pal mareo, y tó pa llegar a un pueblucho que son cuatro piedras perdío de la mano de Dios que para colmo está en cuesta… Manda huevos.
    Lo del faro sí me gustó, mira tú por dónde. Acabé hasta los huevos de vueltas por esas carreteras de cabras. Y menos mal que les convencí pa no subir al Teide, que ya lo veía yo muy a gustito y muy bien de lejos.
    Y tanto que si me duermo en el coche y que tal y mira, fui yo el único que aguantó despierto mientras Jesús conducía de noche pa casa.

  3. Si uno trabaja estando de vacaciones, es como si curra de copas con los amigos. Hay que saber desconectar de una faceta y conectar en otra.
    A mí me pasaba de estudiante: me quedabaa estudiar y pensaba lo bien que lo estarían pasando los colegas. O, al revés, me iba de marcha pensando en todo lo que tenía que estudiar. Es mejor tener claro a qué se está y cumplirlo.

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