La terna de oro en Tenerife (sexta parte)

Día 26 de Agosto de 2008

La mañana comenzó de camino al ciber para que Isra añadiera una más de sus crónicas al blog y yo para echarle un ojo al correo del trabajo para asegurarme de que todo andaba bien y de paso enredar un poquito. Como era de esperar, a José lo dejamos durmiendo. Aprovechamos también para tomar unos cafés leche y leche aderezados con algo de charla seria.

Una vez llegó Jesús a casa, pusimos rumbo al norte, a Santa Cruz de Tenerife. Tocaba día de tiendas y aunque pareciese que lo normal sería ver aparatos electrónicos, nos centramos en el calzado. Principalmente recorrimos la calle Castillo llegando hasta la bonita Plaza Weyler, haciendo una obligada parada en la cabina telefónica desde la que Isra solía llamar a sus padres. Como habíamos quedado con Javier para comer, volvimos al parking de la Plaza de España, recientemente remodelada con su lago artificial, a por el coche y dirigirnos al Sauzal. Al famoso auditorio del señor Calatrava solo pudimos decirle adiós mientras nos alejábamos porque no nos dio tiempo para echarle un ojo más a fondo.


La comida fue en Casa Odon (aunque todos leímos algo un poco diferente) donde, por fin, una de mis necesidades vitales que me había propuesto saciar para estas vacaciones se cumplía en forma de papas “arrugás” con mojo picón y otros tantos platos interesantes típicos de la zona.

Una vez reposado el banquete gastronómico nos dirijimos a La Laguna al centro comercial donde mis colegas me habían asegurado que podría encontrar pantalones de capoeira. Para mi sorpresa, uno de los dependientes me dijo que era un deporte demasiado alternativo para ellos y que era más probable que encontrásemos ese tipo de prendas en la zona sur (vamos, donde habíamos pasado la mayoría de las vacaciones). Al menos el viaje no fue en balde y conocimos a otro amigo de Isra, a Kenneth, con el que tomamos un café después de enredar por los alrededores del centro comercial.

Y como el día iba de citas, la siguiente sería en Puerto de la Cruz para ver a Laura y Gustavo. Nada más llegar, observamos que era una zona muy bonita, desde la Casa de la Aduana, que da la bienvenida y acoge a pequeñas embarcaciones, hasta la Plaza del Charco. Como no iba a tardar en anochecer, cogimos sitio en una cervecería alemana de la zona donde pudimos saborear unos magníficos zumos de manzana: “Appeltiser”. Obviamente yo lo pedí pensando que sería cerveza, pero tampoco me disgustó la sorpresa. Mientras tanto, Javier hizo gala de su verborrea y nos explicó por qué el término chicharrero disgusta a bastante gente en la isla.

Durante el rato de conversación, pusimos en práctica la táctica del acercamiento mediante bluetooth con unas jovencitas con exceso de ego. El resultado no fue el pretendido pero no nos preocupó. Nos echaron una foto de grupo y dando gracias, así que al menos algo nos llevamos de ellas.

En una de las escapadas que hicimos Jesús y yo para que éste pudiera sacar dinero, me encontré con una chiquita que cantaba con música instrumental de fondo en uno de los bares para amenizar y que me llegó al corazón por su dulce voz.

Después dimos una vuelta por el puerto en busca de ron miel. Llegamos hasta el complejo de los Lagos Martiánez, la ermita de San Telmo e incluso vimos un espectáculo de fuego al que pronto la policía puso punto y final. Lo peor de todo es que no les dejaron actuar ni con papeles.

Jesús, antes de irnos a dormir, hizo un amago con unas holandesas y unas barcelonesas y creo que a las últimas les sacó el número de teléfono. Si hubo algo más después, no lo sabemos aún.

Frases del día:

  • Antes uno vivía normal y relajado y tal, porque tú sabías que tus chorradas se quedaban pa’llí, en ese momento, pero es que ya, con estos terroristas de las cámaras… Estando hasta las pelotas de la gente que inmortalizaba con los móviles cada paso que dábamos.
  • Mucha policía, poca diversión. ¡Represión! Un cántico a la libertad.
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2 comentarios en “La terna de oro en Tenerife (sexta parte)

  1. Sí, uno ya no puede vivir tranquilo. Menos mal que no tengo tetas para que me fotografíen haciendo topless. Pero da igual, ahora estamos todos flipaos e inmnortalizamos o grabamos demasiados momentos.
    La verdad es que Laura y Gustavo etuvieron encantadores, y nos hicieron un poco de guías en el Puerto de la Cruz, que me encanta.
    El momento feo de la noche fue, bien es cierto, el de los policías jodiendo un espectáculo de fuegos y malabarismos a unos immigrantes. La gente que por allí estaba reaccionó con indignación. Y la joven malabarista, con lágirmas en los ojos; él -mientras- la abrazaba.
    Las chicas de al lado me pillaban muy lejos para opinar, pero ¿eran guapas? Mira que de vosotros no me fío, eh (y esta opinión es sin teneros en cuenta lo de las holandesas, que si no…).
    ¡Nos vemos de conciertos!

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