La terna de oro en Tenerife (octava parte)

Día 28 de Agosto de 2008

Esta vez tocó despertar algo antes de lo habitual. Había que terminar de hacer las maletas, adecentar  en la medida de lo posible la casa del hermano de Jesús porque se nos terminaban las vacaciones. El cansancio hizo mella en todos pero sacamos fuerzas para tomar un desayuno despedida con Inés y Pelayo en Los Abrigos y hacer unas compras de última hora: quesitos y mojo picón.

Fuimos a toda leche por la autovía camino del aeropuerto para después encontrarnos los retrasos de turno que por desgracia nos venían muy mal ya que teníamos el billete de autobús comprado y por muy pronto que llegáramos, con la nueva hora de salida, sería difícil llegar a la hora.

Jesús, dejando paso a sus instintos básicos una vez más, no desaprovechó la oportunidad de iniciar acercamientos con la chica que nos daría los billetes y embarcaría las maletas, hasta el punto en que la mosqueó un poco y no nos terminó de contar cosas como que podíamos haber salido más tarde y que nos hubieran dado una indemnización con la que pasar la noche en Madrid (una juerga inesperada), volver a Cáceres al día siguiente y tomar unas buenas copas para brindar por la grata experiencia.

Entre el caos, conocimos a una chiquita (Susana) que era amiga de unos amigos de Jesús y que estaba descompuesta por todos los líos que había en el aeropuerto. Actuamos como buenas personas (lo que solemos ser en nuestra vida diaria) y la invitamos a quedarse con nosotros y con nuestro humor ácido e irónico. Al menos se calmó bastante.

Cuando tocó subir al avión, José tuvo un gesto muy bonito y cedió su asiento a la muchacha para que pudiera viajar a mi lado y seguir hablando de todo en general. Intercambiamos teléfonos y correo y se inició una bonita amistad que parece haber caído en el olvido.

Al final, llegamos antes de lo previsto a Madrid y nos vimos obligados a coger un taxi para poder llegar a la estación de autobuses con 20 minutos de antelación. Isra y yo nos sentamos para intercambiar opiniones sobre el viaje mientras José estaba en un asiento él solito para seguir con sus pautas de sueño inalterables.

Fueron unas vacaciones geniales que terminaron uniéndonos un poquito más.

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2 comentarios en “La terna de oro en Tenerife (octava parte)

  1. La mañana la recuerdo como una carrera continua de un lado a otro.
    Lo del aeropuerto, un error, por falta de información. Primero la azafata nos dice que nos pueden desviar al norte y nos indemnizarían. Después de oír de mi boquita que tenemos un autobús (guagua) esperándonos en Madrid y vamos con poco tiempo, por lo que no nos interesa salir más tarde, nos emite los billetes. Y tras emitírnoslos, me suelta que el avión saldrá con casi una hora de retraso (con lo que parecía que no llegaríamos al autobús). Me quedé perplejo. Cuando quisimos dar marcha atrás, ya no nos dejaban viajar desde el aeropuesrto de Los Rodeos (La Laguna).
    El vuelo bien. Gente maja en la espera de la salida: las dificultades unen. Incluso estaba por allí el equipo de fútbol de Don Benito (Badajoz), que había disputado la Copa Federación.

    La amiga de JLJ me pareció algo lunática, pero… en estas situaciones todos nos mostramos raros.

    En Madrid hubo mucho estrés, y no sólo porque no pareciera que fuésemos a llegar al autocar. Sin embargo, estas explicaciones me las ahorro.

    Unas vacaciones curiosas, que sirvieron para conocernos algo más y para llegar a la conclusión de que a Jose por la noche y en tierras “desconocidas” hay que sacarlo con bozal y camisa de fuerza.

    Abrazos.

  2. Pero qué exagerados, dios mío. Ahora va a ser que uno no puede cometer la desgracia de emborracharse y no acordarse de las cosas o de actuar de forma errática. BUneo, vale, aquella noche fue muy burra, pero no llegó la sangre al río, no?
    Aparte de lo de las azafatas, recuerdo con desagrado la actitud de las compañías de alquiler de vehículos (dado que barajamos esa opción por si nos quedábamos sin autobús). Recordadme que pase de estas compañías a partir de ahora y para siempre.
    Un detalle un poco lúgubre: por despiste (doy mi palabra de que así fue) me planté en el aeropuerto para volar con mi camiseta negra sin mangas de Turismo que me regaló mi hermana hace años. ¿El problema? Que el dibujo de la camiseta no era el más adecuado para la ocasión y dadas las cirunstancias de nuestro vuelo de ida:un avión estrellándose contra la torre eiffel. Y sí, fue por casualidad, que a muy a pesar de lo que algunos piensen, no soy tan macabro.

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