Cultura: su precio y su valor

Erróneamente tendemos a pensar que hablar de precio y de valor es lo mismo.

  • Precio: valor pecuniario (perteneciente o relativo al dinero efectivo) en que se estima algo.
  • Valor: cualidad de las cosas, en virtud de la cual se da por poseerlas cierta suma de dinero o equivalente.

NOTA: significados obtenidos del DRAE.

La mayoría de las veces, el acceso a la cultura se estima en función del precio y no del valor que tiene, es decir, si tienes dinero puedes ver, escuchar, disfrutar,…, todo aquello que puedas pagar.

Los eruditos (normalmente) definen el valor de las obras y raramente les ponen precio ya que, por estar más instruidos en su materia, son capaces de disfrutarlas a un nivel superior (por decirlo de alguna forma). El resto de los mortales quizás puedan sumirse en un orgasmo sensacional con aquello que adoran. Ambos, mortales y eruditos, coincidirán en una cosa muy simple: “no se puede pagar con dinero tal sentimiento”.

Ahora toca el turno al resto de humanos, a aquellos que deben poner el precio, porque, no nos engañemos, el dinero mueve casi todo. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con las esculturas y pinturas de varios siglos atrás? Con el paso del tiempo, se recuperan, se restauran y se llevan a un museo para que podamos admirarlas. Obviamente, esto tiene un coste en personal donde hay que cuantificar las horas de su trabajo. Al final, el acceso al museo se traduce en una entrada. Con ella estás atado a un horario, donde, dentro de él, tú mismo te administras el tiempo para ver lo que más te interese. Esto implica que si eres un colgado que debe admirar diariamente una obra, te obliga a pagar cada día la entrada o si hay suerte, comprar un bono anual o algo parecido (para que te salga más económico). Con esto tenemos, que el acceso a la cultura depende del precio establecido y si la persona lo puede pagar.

Hasta aquí he querido enfocarlo desde el punto de vista en el que se asume que estamos ante obras de arte, constatadas por eruditos y donde se presupone un gran valor cultural que debe estar a disposición de todo el mundo.

Por otra parte, según se nos está diciendo últimamente, el cine y la música también son cultura, pero la diferencia aquí es (creo) que los eruditos no se suelen pronunciar o al menos de la misma forma, en el instante en que aparece la obra (debe haber tiempo por medio para su reconocimiento). Constantemente se nos recuerda las pérdidas que hay entorno a estas artes, que también dan de comer a mucha gente y donde se nos pide encarecidamente que las consumamos hasta saciarnos, independientemente de su valor real, que aquí suele estar fijado por las amistades, conocidos,…, que te recomiendan o no lo que ellos previamente han visto o escuchado. Todo esto se trasforma en conjuntos de entidades subjetivas, en opiniones meramente basadas en el gusto de la persona con la que hablas e intercambias sensaciones.

El problema en el cine o en la música es que la calidad se mide en función de la recaudación. Datos como: x millones de espectadores, x discos vendidos,…, no hacen más que indicar eso. Con una buena campaña de publicidad puedes conseguir que reluzca la piedra más fea. Por lo tanto, ¿es justo que se nos instigue a este consumismo de una cultura previo análisis de calidad? ¿es justo que usen excusas o fundamentos como “es que da de comer a muchas personas” para tocar la fibra sensible?

El artículo 44 de la Constitución Española deja claro lo siguiente:

  1. Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.
  2. Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

Como siempre, hay algo que falla. A partir de aquí, deducid por vosotros mismos.

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2 comentarios en “Cultura: su precio y su valor

  1. En cuanto a la cultura se le puede aplicar o adaptar eldicho de “tanto tienes tanto vales”, que pasaría a ser “tanto vendes, tanto vales”.
    Así, a los artistas -de culaquier rama- se les tiende a considerar no por la calidad de su obra, sino por la capacidad de venderla y cuanto más, mejor.
    Parece que nada hemos aprendido de lo que ha ocurrido con respecto al arte pictórico por ejemplo en siglos anteriores. Entonces (igual que me temo que sucede ahora) un gran pintor podía morir pobre y sin reconocimiento ninguno y que, después, sus obras pasaran a valorarse como merecían (o incluso más). Ello le pasó a varios impresionistas, se les dejó morir en habitaciones oscuras para posteriormente valorar su aportación a la pintura y a el nuevo concepto pictórico que habían creado.
    Ahora sucede lo mismo. Tal vez el caso más evidente y flagrante es el de los músicos (se les considere artistas o no). Hay grandes músicos que deben venderse como instrumentistas a grupos myy malos cualitativamente y, además, soportar que se les valore más a estos “gurpitos” o solistas de moda y baja calidad, que a ellos mismos.
    Y se da también otro tipo de caso, volviendo al tema de las ventas entendidas como calidad del producto. Cantantes o grupos mucho mejores que otros que “pegan más” no tienen casi transcendencia en las listas de ventas y pasan casi inadvertidos. Un ejemplo que se me ocurre es el de Marc Parrot (quien tuvo que inventarse al chaval de la peca para poder seguir creando sus verdaderos discos) comparado con el inagotable (ya no) Joaquín Sabina. Para mí son mucho más originales la propuesta, letras y canciones del primero; sin embargo, el segundo, en parte gracias a una versión de “los Secretos” (Y nos dieron…) se dio a conocer y obtuvo un gran reconocimiento. Marc Parrot sigue creando, Sabina, por cierto, ya no, porque cambió de vida. Pero a poco que se oye una canción de este último, un libro de supuestos poemas, etcétera, las ventas se disparan para el bueno de JOaquín. Y que conste que a mí Sabian me gusta o gustaba, excepto los últimos discos (malos) y porque se comenzaba a repetir un poco bastante y “perdió su alma por el camino, el del éxito”.
    Las personas que relamente saben de las distintas artes deberían tener más representación en los medios y debería dárseles voz en los mismos para que la gente sepa al menos lo que adquiere y su calidad, o la calidad de lo que se le “ofrece”. Después seguiremos aborregados, pero -por lo menos- sabremos que nos dejamos engañar.
    Respecto a la música actual, un buen amigo afirma que debe ser una mezcla bastante compensada de cultura o arte y entretenimiento. Estoy totalmente de acuerdo, pero a quién no le gusta de vez en cuando dejarse llevar por la diversión y saltar con “Los DelinqÜentes”, por ejemplo. Claro que a eso se le llama “fiesta”.

    Un abrazo,

    me voy que me ha llamado mi anmigo javi y no quiero hacerle esperar.
    (jájaja!)

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