Cultura: realidad o ficción

En el capítulo Homerpalooza de Los Simpson, Homer se preguntaba por qué se seguía haciendo música si la perfección de la misma se había alcanzado en 1974, afirmando también que era un hecho demostrado científicamente.

Actualmente, bajo la perspectiva del “todo vale”, los magos de la publicidad realizan su trabajo cuidadosamente para que consumamos aquello que ponen frente a nuestros sentidos. Productos bien etiquetados que provoquen reacciones similares al perro de Pávlov, basándose previamente en estudios concienzudos subvencionados habitualmente por grandes empresas. Pocos se salvan. A veces me recuerda a la escena de la naranja mecánica en la que intentan rehabilitar al protagonista, amordazado a una silla mientras un médico (o científico) le pone colirio en los ojos para que no pierda detalle alguno de las imágenes que le pasan por una pantalla gigante (sensacional Kubrick).

Estamos ante ataques tan directos y constantes que pueden hacer perder el sentido común y pensar que lo que te ofrecen, además de ser bueno, debes consumirlo, poseerlo y adorarlo. Da igual el producto que sea, programa de televisión, cine, música, arte,… Son productos al fin y al cabo hechos a medida, totalmente temporales y normalmente ausentes de calidad con un único propósito claro: beneficios rápidos. Aunque los poderes públicos, según dice la Constitución, deben promover y tutelar el acceso a la cultura, irónicamente permiten estos despropósitos e incluso que la industria ataque a los consumidores, basándose en falsas morales e hipótesis como las mostradas en la campaña “Si eres legal, eres legal“, con su apartado “Las 10 mentiras“, rápidamente atacada desde la red con el antidecálogo y después revisada, desde un punto de vista mucho más serio y ceñido a las leyes españolas, por un grupo de abogados especialistas en el tema en el blog “Del derecho y las normas“. Lo más importante es que el gobierno mantiene la campaña original desde entonces, desoyendo las correcciones y aclaraciones sobre lo que son prácticas legales y las que no lo son.

Esto no deja de ser una muestra muy clara de que se quiere adoctrinar en un único sentido, intentando anular la capacidad de razonamiento y crítica de los ciudadanos, empujándolos a un consumismo sin sentido que realmente lo que promueve es la economía del país. Si no fuese así, ¿por qué tenemos tantos recopilatorios musicales? ¿por qué tantos intérpretes regrabando versiones de éxitos pasados? ¿por qué segundas partes (y terceras) de películas que marcaron un antes y un después en el cine, 20 años más tarde?…

Sin embargo, curiosamente, desde el Ministerio de Cultura también se apoyan iniciativas como el proyecto Agrega, apenas publicitado cuyo reclamo es: “busca, comparte y participa”. Para hacerlo viable, se utilizan licencias de tipo GPL/GNU y Creative Commons. Éstas te dan libertad a la hora de acceder al contenido y compartirlo e incluso en ciertos casos generar nuevo contenido a partir del previo. Esto se traduce al final en un enriquecimiento del saber: “granito a granito al final tenemos una montaña”. Pero al mismo tiempo, se nos recuerda que a nuestros artistas hay que mimarlos y hay que mantenerlos, ya que sin ellos, la cultura se muere. En este caso, conviene usar licencias de tipo Copyright que nos limitan las libertades de uso incluso habiendo pagado el precio establecido por el producto en cuestión.

Soy de la opinión de que una persona es la unión de todas sus vivencias y hablar de derechos de autor o de propiedad intelectual no son más que ganas de poner excusas y trabas al avance de la cultura. Nos nutrimos de lo que oímos, de lo que vemos, de lo que sentimos y a raíz de eso, creamos cosas nuevas. La calidad final vendrá definida por las capacidades del creador obviamente, pero éste compartirá la autoría con las experiencias previas adquiridas de otros creadores. Es una cadena que no se debe romper.

Por todo esto, pienso que el concepto de cultura se está perdiendo poco a poco. Cito textualmente un par de líneas afirmadas por la UNESCO en la declaración de México de 1982 que me llamaron la atención:

  • La cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social.
  • A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
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2 comentarios en “Cultura: realidad o ficción

  1. Lo que es cultura para unos, es una mierda para otros, y viceversa.
    Si cultura es, por ejemplo, lo que promocionan varias cadenas con sus cantantes prefabricados… que paren que me quiero bajar.
    Pero hoy en día hay una cosa clara:
    A CUALQUIER COSA LLAMAN CULTURA.

  2. ¿Qué es cultura y qué no lo es? Difícil saberlo. Hace muchos muchos, ma´s de veinte y menos también, no creo que los romanos creyeran que el circo era una manifestación cultural. Ahora, desde la perspectiva histórica se afirma que así lo es. Yo sigo sin verlo; pero saber que esa práctica ociosa existía sí que es un sgno de mínima cultura.
    En la actualidad, decir que culaquier manifestación “artísica” es cultura o no lo es, procede simplemente de nuestros propios gustos, nuestra educación o nuestro entorno. De ese modo para una persona los graffitis pueden ser algo cultural y para otras no. Igual que un grupo de música puede considerarse cultrua para unos y no para otros. Lo que casi nadie duda es que la ópera es cultura. Pero, ¿es más cultura la ópera que el jazz o el pop, por ejemplo? ¿Simplemente por que tenga una trayectoria temporal mayor es más cultura que el resto de música no-clásica? Yo no estoy tan seguro de ello, aunque mi “educación” así me lo propone. De lo que sí estoy seguro es de que se necesita más preparación para deleitarse con una ópera que con música de Serrat o de “Pereza”.
    Bien, como considero que lo que unos consideran cultura se debe, como dije, a sus gustos, educación (a veces instructiva) y “gente con la que te mueves”, afirmo categóricamente que nadie puede ascender ningún hecho o manifestación cultural (actual) a la categoría de cultura y que, por tanto, ni se deben proteger ni mucho menos subvencionar más unas u otras.
    La “clase política” de este país (que carece precisamente de claee) debe abandonar esa tutela hacia algunas manifestaciones y agrupaciones culturales, como el caso sangrante de la SGAE, y no posicionarse a favor del cine o de la ópera, o de la música pop o de los graffitis o de una cagade de un perro dentro de una tetera de barro en aleación con cobre corintio, que es lo que se lleva.
    Deben, simplemente, mantenerse al margen y facilitar, como bien promueve la Constitución y defiende el autor de esta bitácora, el acceso a la cultura. Eso sí, considerando todo cultura o nada cultura, lo que quieran, pero sin guiños a unos o a otros.
    De todos modos, y no en defensa de nuestros políticos ni su gestión precisamente, he de decir lo de siempre: cada pueblo tiene los políticos que se merece. Y así nos va. (Estamos dormidos, aletargados y hacen de nosotros -y vosotras también- lo que quieren).
    Salud y “cultura”.

    Y un abrazo, que es gratis. (Aunque lo mismo dentro de poco alguien sostiene que es causa de enfermedades infectocontagiosas y lo prohiben también; pero el tabaco y el alcohol no, que forman parte de las costumbres culturales de nuestro precioso país; claro).

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