Lentamente

Ella no me espera, está distraída mirando al infinito, ausente entre el aroma de la hierba mojada y la poca luz de la luna que sobresale entre los nubarrones.  La miro desde lejos, escondiéndome entre los arbustos, moviéndome lentamente entre los árboles, acechándola con los cinco sentidos.

Despreocupada se tumba y cierra los ojos. Cada vez estoy más cerca. Siento los dientes afilados y el corazón acelerarse… De un salto acabo encima de ella, con la mirada fija en su blanca piel, sujetándola con fuerza por las muñecas.

Ella me mira, sonríe y me susurra al oído: “te cacé”.

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