Feria del queso de Trujillo (sobre gentes y demás)

Fue dicho y hecho. Después de una noche de lo más movidita, nos levantamos temprano y nos fuimos a Trujillo para disfrutar un año más de la feria del queso. Nada más llegar, lo imposible: aparcar. Un par de vueltas y listo. Hubo suerte. De ahí a otra tarea de tintes épicos: sacar los tickets para la degustación de vino y queso. Aquí tardamos un poquito más, cerca de media hora. Al final, como siempre, te dan una lista con precios y con un rápido cálculo mental, debes decidir cuánto queso y bebida aceptará tu cuerpo a lo largo del día (volver a hacer cola no es una opción).

Una vez pasado lo más duro, un par de suspiros profundos y listos para pasear por los puestos. Lo más llamativo sin duda alguna es el gentío de un lado a otro, esquivándose con las bandejitas improvisadas llenas de queso para la familia, acompañantes o amigos.

No sabría decir qué quesos probé, pero sé que los que más me llamaron la atención fueron uno portugués muy fuerte, con cierto sabor metálico (que fue el único que repetí) y otro bañado en aguardiente que sabía únicamente a dicho licor. El resto, de todo tipo: torta, curados, semicurados, aderezados con especias o alguna que otra ocurrencia. Todos muy ricos.

La bebida pasó a un plano secundario por no haber mucha variedad y sobre todo, en el caso de la cerveza, por ser bastante cara (4 tickets, equivalente a 2€, la cerveza sin alcohol y de ahí para arriba, frente al ticket para el vasito de vino, mucho más cercano a los precios populares).

Desde el punto de vista social, este evento reúne como siempre a una fauna de lo más dispar. Los que más me sorprendieron fueron: el padre de familia bien vestidito, el típico que aparenta tener dinero suficiente, mangando queso a puñados de un puesto donde parecía haber poco interés por recoger los tickets; la pija de turno pidiendo servilletas al amigo o novio pasota; la persona amable que se ofrece a reponerte el queso que previamente te ha tirado frente al que te empuja y casi tienes que pedir perdón por haberte puesto en medio; el que se hace el despistado con tal de no pagar y cuando le piden ticket, se lo reclama a su compañero o al compañero del compañero; la camarera extranjera acelerada dando órdenes a sus jefes aletargados ante la ingente afluencia de clientes.

Sin duda alguna, es una fiesta que, si tienes oportunidad, debes disfrutar.

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Un comentario en “Feria del queso de Trujillo (sobre gentes y demás)

  1. Demasiado queso para mi gusto. Si hicieran la fiesta del queso y el jamón la variedad de proupestas se doblaría. Y me llamaría más la atención.
    Respecto a la gente, me encantó encontrarme con personas que hacía un cierto tiempo (meses) que no veía, siendo curiosamente de mi misma ciudad.

    Un consejo. Yo empecé con los quesos a las cinco de la tarde. Y entonces no había colas. Puede ser una opción más: esperar a la tarde y tomar quesito después de comer algo más variado y, así, te ahorras las filas interminables de las horas anteriores.

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