Sábado de Womad’09

El sábado de Womad amanecí bastante temprano. El motivo: la fiesta de los gorros y los sombreros. Una fiesta rescatada por un amigo entre loco y original que servía como excusa para que todos nos reuniésemos, celebrásemos su cumpleaños y disfrutáramos y recordáramos el día como uno especial.

Comenzamos en el bar Salas, bar mítico donde los haya en la cultura de las tapas cacereña, sobre la 13:30 con unos pequeños nubarrones que pretendían competir con nuestro poderío. Llegué de los últimos y nada más ver las caras y las indumentarias sabía que no sería capaz de imaginar lo que se avecinaba.

“Trae un par de litros más y un par de vasos”. ¡Un sitio libre! Cogedlo que voy a por el coche, exclamó Chino. La originalidad nos sobra, pensó otro. Cogió la silla y la cerveza y cruzó la calle para reservar el aparcamiento hasta que llegara el chico y su bólido.

Fotos, carantoñas, intercambios de gorros (y algunos lengüetazos) y unas gotitas de lluvia para aliviarnos el calor de media tarde. Todo apuntaba alto. Seguidamente aparecieron los rezagados y los inesperados. Los que venían sin gorro o sombrero tenían cabida perfectamente porque traíamos para todos.

Segunda parada de rigor: María Mandiles. Tolo, su camarero y jefe, se alegró de vernos pese a que se notó que también sintió un pequeño miedo que le recorría por el cuerpo. Copas por aquí, copas por allá cuando un improvisado paso de baile llenó la pista imaginaria: el moonwalk del Chino versión enana. Aplausos, por favor.

A la plaza llegamos justo antes de que empezaran Paprika Balkanicus. Fue quizás el mejor concierto por su fuerza y porque consiguió poner en pie e hizo bailar a todo el personal rezagado. Tanta fue la euforia desatada que conseguimos hacer un corro para nuestros más expertos bailarines que llegaron a desviar la atención del público y hacer que se centraran en ellos (una pena que no hubiera cazatalentos…).

Curiosamente, se unió un hombre de otras tierras que, cegado por la magnitud del evento, se mimetizó con el ambiente en una explosión de desenfreno y alcohol (parece ser que los que ya lo conocían, nunca antes vieron tal mutación).

Más gente siguió llegando y las relaciones interpersonales crecían de forma exponencial. El alcohol y quizás alguna otra sustancia que enfatiza la amistad hicieron el resto.

Victor Deme pausó nuestros corazones con su música étnica. Mientras, el grupo se dispersaba para dejarse llevar por las multitudes o la diversidad de sonidos entre muros. De todas formas, no había pérdida posible, estábamos marcados.

Mi punto y final de la noche la puso Depedro con su música mucho más relajada que lo escuchado horas antes. Recuperé mi sombrero después de un intercambio inesperado y caminito de casa fui hasta que amaneciese un día nuevo.

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2 comentarios en “Sábado de Womad’09

  1. Dato curioso: me llevé al Ikea a los oscuros lares de los heavys, la Kripta, donde pedimos varias macetas de cerveza. Allí estuvimos de charla un rato con la peña y prácticamente se tragaron que el chaval era noruego, quizás porque no decía ni mú y a cada comentario que le hacían contestaba con una sonora carcajada difícil de entender en un español.
    Por lo visto, el Ikea, al día siguiente, no recordaba su visita a la Kripta, si bien la noche anteror no paró de decirme: ¡qué simpáticos tus colegas!

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