Fica (y otras reflexiones sobre cine)

Ayer 14 de julio, mis amigos me convencieron para ir a Villanueva de la Serena a ver un concierto de Christina Rosenvinge. Curiosamente, el ambiente que nos encontramos fue algo muy distinto al que nos esperábamos. ¿Por qué? Mejor sigan leyendo.

Ante nuestros ojos estábamos ante el FICA09: festival internacional de creación audiovisual. Nos sorprendimos porque no habíamos oído hablar de él previamente. Además, después de haber hecho unos kilómetros a ciegas por desconocer si las entradas para el concierto se compraban allí y dónde sería, para entrar al festival necesitábamos invitación (no nos valió pedir que nos invitaran para sentirnos invitados). El concierto era en el mismo lugar.

Al final, después de marear la perdiz, conseguimos entrar. Nos sentamos, se alzó el telón y, con una luz intimista, unas notas de piano junto a la voz de Christina abrieron el festival. ¡Genial!

Seguidamente, el presentador hizo gala de todo su humor (al menos eso pensaban los que se reían). “Este año hay hermanamiento con México”, comentó. Aplausos, presentación de los ganadores de los 3 premios que otorgaron y cedieron “brevemente” la palabra a nuestros queridos representantes políticos. El alcalde de Villanueva usó giros lingüísticos que por momentos desconcertaron al personal. La alcaldesa de Cáceres, Carmen Heras, amigablemente llamó pueblo a Villanueva (suponemos que trasmitía mayor calidez que “ciudad”). Y por último, y no por eso más efímero, Guillermo Vara, destacando su apoyo incondicional a todo tipo de creaciones y a los creadores que, como dijo, conforman la cultura de los pueblos.

Aún así, seguidamente alguien de la organización recordó que ni con el apoyo del Ministerio de Cultura lograron llegar a los cines o a visualizarse más del 60% de las películas hechas el año previo (ver balance del cine español en los últimos años) . Un drama en minúsculas.

Después de la entrega de premios a Natalia Mateo, Alberto Amarilla y Enrique Rivero, se dio paso al esperadísimo concierto. Por desgracia, hubo tiempo de sobra para la cantidad de sandeces que dijeron nuestros políticos pero no para una canción más cuando todo el mundo la pedía a gritos: era la hora del también ansiado aperitivo (gratis, por supuesto). Nos tomamos una cerveza, brindamos por las personas de la organización (pero entre nosotros) y nos fuimos a la Sala Traviata a ver a The Wish.

Nuestro gozo en un pozo. Música de ambiente, algunas chicas guapas (pero lejanas) y cerveza para ahogar las penas. Al menos, pudimos saludar a la reportera de Wakai, brindar con Natalia Mateo (ella con su premio) e intercambiar opiniones con algunas otras chicas de la organización (que estaban indignadas cuando le confirmamos la poca repercusión que se le había dado en Cáceres).

A eso de las 3 de la mañana llegamos a nuestras camitas sanos después de un viaje tranquilo y con música de Blind Guardian.

Mis reflexiones son claras y rotundas. A partir de aquí puede doler, aviso. Ya está en conocimiento de todos que el cine español es creativo, al menos en número. Que llegue al público el 60% de las películas no es tampoco una mala cifra (hecha cálculos con la información del balance). Pero se pide más y es normal, hay que barrer para casa. Sin embargo, nadie comenta el dineral que se invierte en cine en calidad de subvenciones, del cual una gran partida está destinada a la amortización. De ello se deduce que puede ser rentable hacer cine por hacer, por el simple hecho de obtener la pasta. Después vienen los típicos de turno a recordarnos que el cine está en crisis porque se bajan películas de internet, porque no vamos a las salas,… y hay tanta gente que vive de ello… Y nadie se plantea nuevos canales para distribuir lo que no llega por los medios tradicionales que al final repercutiría en esa gente que dicen que actualmente malvive.

Los gobiernos y las entidades gestoras dicen fomentar la cultura y por otra parte se nos recrimina a quien la consume, que la pongamos en un segundo plano cuando hay vacas flacas. Es una mera cuestión de supervivencia. La gente se desprende de lo menos útil, de lo prescindible cuando hay problemas. Y aquí entra, por desgracia, todo lo relacionado con el ocio, que al fin y al cabo es lo caro o dicho de otra forma, es lo que nos cuesta más dinero después de haber cubierto nuestras necesidades primarias.

Tampoco hay autocrítica por parte de nadie. Se echa la culpa a la piratería del descenso de ventas de películas, de idas y venidas al cine pero es un error afirmar que sin piratería hubieran vendido tanto o hubiese ido más gente al cine, ya que, a menos que puedas ver el futuro, no dejan de ser estimaciones, no cálculos reales. Cuando digo autocrítica, también me refiero a que un creador tiene 2 opciones en referencia a su obra: hacerla fiel a lo que quiere o hacerla comercial. Pero en ningún caso sabe el resultado final, si la crítica se rendirá a sus pies, si lo abuchearán, si tendrá éxito de público, de taquilla,…

Por su propio peso cae la siguiente pregunta: ¿qué debe entonces hacer el creador? La respuesta es simple: lo que prefiera. Da igual cómo enfoques tus ideas, tus visiones, tu arte. El producto (porque al final se queda en eso) lo consumirá quien quiera y no se le puede reprochar a alguien que no lo haga (coartaríamos su libertad de decisión).

Para mí, la realidad actual que gira entorno a la cultura y a la piratería no es más que un hecho claro de que la gente no está conforme con lo que tiene a su alcance y está demandando cambios. Además, bien pienso que esto puede ir a peor porque están mordiendo la mano a quien les da de comer. Esperemos que se recupere la cordura lo antes posible (por el bien de todos).

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Un comentario en “Fica (y otras reflexiones sobre cine)

  1. Bueno… yo estuve allí.
    El concierto, evidentemente, fue lo mejor de la noche, además de los ojazos de una joven que había en la entrada y, en tercer puesto, el corto tipo telenovela mexicana que proyectaron.
    Rosenvinge muy bien. Me gustó. A mí se me hizo corto, a buena parte del público largo. Supongo que esperaban algo más movido, pero no hay que olvidar que estábamos en un teatro y sólo el colgao de Bunbury se atreve a meter tralla buena en un lugar así.
    Faltaron “tres minutos” una canción con la que podía haber cerrado Rosenvinge que es algo más rápida y ruidosa.
    Como digo, a mí me encantó. A otros no, pero me temo que iban más a codearse con el artisteo y el politiqueo que a otra cosa.
    Antes de que se me olvide, gracias a la organización por su “invitación final”. (No es coña).
    Del resto… los políticos, especialmente “el juntero” enrrollándose sobremanera. Más de diez minutos se estuvo el tipo cuando le cedieron palabra. Y eso que empezó diciendo que “aquí los protagonistas son los homenajeados” y blablabla… Y además se marcó lo que le gsuta oír a la gente (contradicciones): “ahora somos una Comunidad Autónoma” (subrayad y retened la última palabra) y al ratito: “porque la cultura debe ser universal y no entender de…”. Claro, la cultura sí, pero la política, con fronteras da más puestos de jefazo, ¿verdad?
    Del tema Ministerio de Cultura y demás, que si cine español, que si crisis… sólo diré esto: ¿quién es el guapo que se cree tan culto como para diferenciar lo que es cultura y lo que no y así otorgar subvenciones? ¿POr qué el cine se considera cultura y la música no? El circo romano y sus barbaridades ahora se consideran culturas, ¿eso significa que debo ir al Ministerio de Cultura para que me paguen parte de mi carné de abono del Cáceres?
    Lo dicho… ¡blablablá!

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