A ti, artista llorón

Estoy cansado ya de escuchar los mismos y tristes argumentos de un gran número de mal llamados artistas: La cultura se muere o nos morimos de hambre, los cabrones de los piratas que nos roban, queremos vivir de nuestro trabajo, nos pagan un porcentaje muy pequeño,…

Acusar a la piratería de lo mal que van las cosas no es más que un vago ejercicio de autocrítica y egocentrismo, de un análisis superficial del problema actual. Decir que la cultura se muere es simplemente una aberración. Que la gente quiera vivir de su trabajo no es algo nuevo ni está únicamente unido al sector artístico. Que pagan poco, como en la mayoría de los trabajos.

Vivimos en una época de enormes cambios morales, sociales,…, y muchos de ellos siguen analizándose bajo cánones desfasados, criticándose desde puntos de vista irracionales. Aparte de que deberíamos realizar análisis y críticas basándonos en otros criterios, lo que realmente necesitamos es un cambio de mentalidad y ganas de buscar soluciones. Ya no vale echar la culpa a otros, ¿cuántos putos años tenemos?

Ejemplos:

  • “Las ventas de discos han caído en picado y es culpa de las redes P2P, de internet, del top manta,…”. Aún no he escuchado a ningún crítico musical decir “vaya mierda de disco que ha sacado este grupo, deberían pagarnos para que lo escuchemos, no sirve ni de posavasos”. Pensar que todo lo que hacen los músicos es genial es una locura. Querer vivir de las rentas es una actitud muy cómoda. Aludir a tus años invertidos en aprender a tocar un instrumento o las horas que has tenido que estar encerrado en tu casa para componer, no son argumentos suficientes para que le gustes a la gente y se vea obligada a comprarte. La música es un mundo complejo regido por gustos. Si no lo entiendes, atente a lo que se te eche encima. No comprar algo también es sinónimo de crítica, de decir que no es lo suficientemente bueno para uno.
  • “La gente no lee, la venta de libros ha descendido o siempre ha estado en crisis”. La gente lee igual que siempre, ni más ni menos, lo que pasa es que no lee lo que algunos quieren y así las estadísticas no cuadran. Los “superventas” son un fenómeno muy curioso, falsean la percepción de la realidad en este ámbito.  Los “superventas” son los libros más vendidos y se suele confundir con que son buenos en todos los sentidos (forma de escribirlo, la historia que relatan,…) o que son los que más se leen (“Don Quijote de la Mancha” o la “Biblia” son muy vendidos pero no por eso más leídos, preguntad por ahí). Por otra parte, aunque parezca una reflexión absurda, si eres un ávido lector y no te preocupa comprar libros, al final dónde los metes, ¿no tenderías a recurrir a otros medios o fenómenos para acceder a ellos, una biblioteca, libros digitales, por ejemplo? ¿Se fomentan esas alternativas o este sector prefiere seguir con excusas? Si el libro (físico) ha de ser un fetiche, que así sea, pero eso no tiene nada que ver con la lectura ni con las ganas de leer.
  • “El cine necesita más subvenciones porque la gente sólo va a ver películas extranjeras”. En los últimos años, en nuestro país las subvenciones al cine y el número de películas realizadas ha ido en incremento imparable. Las recaudaciones no son satisfactorias, el público prefiere ver otras cosas. ¿Reinciden las subvenciones en los subvencionados cuando éstos no han conseguido nada bueno? ¿Lo bueno lo marca el dinero obtenido en la taquilla o las valoraciones vertidas posteriormente? Personalmente me molesta también ir al cine y caer al lado de algún pesado que no deja de hablar, comer, molestar,…, que el asiento no sea cómodo, que me toque una ubicación desfavorable, que el sonido sea malo o se corte la película por algún fallo y me pierda una secuencia importante. En mi ciudad me ha pasado más de una vez. La sensación producida por los avances tecnológicos en este ámbito (televisores de alta definición, equipos mulimedia,…) se han plantado como una gran competencia al hermano mayor. A ellos no se les echa la culpa porque no interesa. Hay que conseguir que la gente vaya al cine y después compre los dvd con extras.

Para que quede claro, hablar de cultura no es hablar de mercado y siempre se nombran en conjunto. Hablar de derechos de autor y propiedad intelectual no es lo mismo y se utilizan como si fuera lo mismo. Quejarse, manifestarse, sacar las uñas está bien; buscar soluciones está mejor.

Cuando el éxito o el fracaso de lo que se ofrece está en manos de algo tan subjetivo como los gustos de las personas, el resultado suele ser impredecible. Acusar, culpar o señalar a toda una sociedad y su actitud para justificar las medidas para paliar las malas situaciones actuales de los distintos frentes culturales no es el mejor camino.

¿Qué soluciones encontráis vosotros a todos estos problemas?

Me despido con la contestación que le dio un amigo músico a un trabajador de la SGAE tras leer el contrato que le ofrecían: “pensé que la esclavitud había sido abolida“.

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4 comentarios en “A ti, artista llorón

  1. Hay círculos en los que prima vivir del cuento, pero esto es así desde que el mundo está gobernado por nosotros.
    Al que tiene el poder, le gusta rodearse de quien se dice artista para que fomente que las masas sigan apoyando su poder.
    Tanta culpa de esta mierda tienen los que quieren vivir del cuento como los sinvergüenzas que lo fomentan.

  2. Manos a la obra.
    Hablaré de los músicos. Es vergonzoso que aquéllos y aquéllas que tuvieron en su día éxito (o inclyuso la mantienen a día de hoy) salgan haciendo declaraciones públicas en que afirman morirse de hambre y culpan de ello a la sociedad por permitir la piratería y hacer uso de ella. Lo primero: firmáis un contrato con una empresa (discográfica dicen llamarse), así que las reclamaciones… A un tendero, no se le ocurre decirle a sus clientes que ellos tienen la culpa de que venda menos o de que el precio de la fruta tal cual le llega a él sea muy alto y tenga poco beneficio. Y ésta es la clave de la cuestión. Los llamados artistas musicales deben exigir a sus discográficas mejores condiciones. Para ello, que hagan un sindicato fuerte, que se nieguen a firmar los contratos, etcétera. Todos a la vez; unidos como se unen muchos para realizar esas afirmaciones tan extrañas a cerca de su supuesta pobreza.
    Las descargas y demás. Aquí parece que sólo se entiende por música la que “crean” los músicos con cierto renombre, es decir, quienes ya han llegado al gran público. Nunca, y repito, nunca, he oído quejarse de las descargas a los grupos que llevan poco tiempo, empiezan o tienen un concepto más abierto y que piensan que su trabajo también les es beneficioso en un escenario. Muchos grupos hacen música, muchos, y permiten o promocionan que se descarguen sus temas gratuitamente. Ellos, después, realizan el otro trabajo (para mí el primero) de un músico, demostrar su valía en directo, y ahí sí que no hay problemas de pirateo: Pagas, entras, no pagas, no entras. ¿Qué ocurre, que esto no se considera música en los medios de comunicación? ¿Sólo hacen música esos que se queiren retirar porque tuvieron dos “éxitos” en los años ochenta y ahora pretenden vivir de las rentas de la SGAE?
    Y llegamos al tercer punto. La SGAE, ese monstruo creado aún no se sabe para qué y con la complicidad de los distintos gobiernos. Artista, ¿por qué reclamas para ser libre a la hora de registrar tu obra? ¿Eso no interesa? ¿No te deja unos cuartos en el buzón? Artista, ¿por qué no exiges en tus manifestaciones públicas que este ente extraño te permita elegir cómo preservar tus derechos? ¿Realmente todos los músicos, escritores y demás mundo cultural está de acuerdo con la gestión que la SGAE hace de sus obras? ¿Quieren de veras que se les cobre a ayunhtamientos, asociaciones u orquestas cuando se entonan sus canciones? Tal vez lo que deberían hacer es solicitar todo lo contrario: que se puedan interpretar libremente sus canciones, que se puedan recitar sus escritos y poemas, que al mundo le llegue su trabajo, aunque sea a través de otros. Y, sobre todo, reclamar la posibilidad de elegir cómo se gestiona su obra; esto sí que es importante.
    El Ministerio de Cultura o cómo adpotar un nombre para realizar justo la labor contraria. Tenemos un M.C. que permite todo esto. Que en lugar de luchar por el intercambio cultural, por las representaciones libres en la calle, porque todo el mundo tenga acceso a la cultura en cualquiera de sus formas, consiente todas las trabas antes mencionadas y muchas más. En muchas ciudades ay no se puede actuar libremente en la calle. No se puede leer poesía encima de un banco. No se promociona la mucha o poca cultura que llega a ella. Además, los impuestos sobre productos supuestamente culturales (música, libros, diccionarios, etcétera) deberían rebajarse o no ser tan altos. Debería conciliarse la cultura con el mundo laboral, al menos la que se gestiona públicamente; es decir, que precisamente cuando sales del trabajo puedas ir a admirar un cuadro, no que ambos horarios se solapen. Y miles de actuaciones más que abrirían espacios, permitirían mejores horarios, difundirían otras voces…
    ¿Y todo esto no lo reclaman los artistas? No, los artistas reclaman que les sigan llegando los ingresos por el “canon digital” (un impuesto a todas luces injusto pero que supongo que nos permite precisamente llevar a cabo “nuestras tropelías”). En nuestro país hubo y aún se conserva el “boom” de los conciertos y la asistencia a ellos es masiva. Pues nuestros amigos músicos al borde de la desnutrición o bien no quieren dar conciertos (que agota más que estar en casa viendo el televisor) o bien lo han dejado todo en manos de terceros. Así, volvemos a lo mismo, donde podrían sacar verdaderos beneficios hay alguien que les representa, les busca los bolos, los organiza, etcétera, quedándose con buena parte del beneficio. Pero de este abuso no se quejan, no, se echan a la calle para culpar de todo al ciudadano, ése mismo que si se descarga ilegalmetne su disco, después asiste al concierto (o se llega a comprar el compacto) y se toma algo a su salud.
    Si queréis vivri de las rentas, cread obras que perduren, si seguís haciendo música para ser escuchada tres veces, como mucho se os aguantará en cuatro ocasiones.
    Un poquito más de autocrítica y de sentido común. Y luchad por vuestros derechos, no porque se grave al resto de la población, que -curiosamente- somos mayoría.

    Abrazos.

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