Ley Sinde (o cómo tratar la cultura como moneda de cambio)

Mucho se ha hablado ya y seguro que se hablará mucho más aún de la Ley Sinde. Habrá quien ahora esté aplaudiendo esta victoria, jactándose de los que hemos intentado parar este despropósito sin suerte.

El diálogo que curiosamente debería haber girado entorno a cómo se gestionan los derechos de autor, de cómo deben ser compatibles con el acceso a la cultura de modo universal y sobre la capacidad de difundirla a través de canales acordes al momento en que nos encontramos, al final se ha centrado meramente en la necesidad de compensar económicamente a un colectivo reducido y maltrecho que quiere vivir de su trabajo (ojo, querer no es deber).

Nuestros políticos y sus secuaces, teniendo a toda una sociedad bien informada que ha querido prestar sus servicios desinteresados de asesoramiento, han hecho oídos sordos y se han cerrado en banda ante la posibilidad de implantar (o al menos a ayudar) millares de alternativas frente a la que ellos han estimado la única y más absurda opción: poner puertas al mar.

Saber que podría pasar esto generaba ya mucho malestar entre el colectivo consumidor y ahora que ya ha pasado, sabemos que se ha comenzado un camino que a partir de hoy nos llevará a un punto de no retorno antes o después.

Otro punto lamentable es que el debate constantemente se ha reducido a hablar de música, películas y páginas de enlace y cuando se les ha presentado a los responsables las sentencias absolutorias a páginas de enlaces, tampoco ha sido muestra suficiente. Da igual que los jueces hayan interpretado la ley que existe actualmente de forma simple y rigurosa: las páginas de enlaces ni contienen ni reproducen material con derechos de autor, por lo tanto, no incumplen la ley. El ánimo de lucro es irrelevante en estas sentencias, los jueces ni siquiera hacen alusión a ello porque no procede en las denuncias.

Lo más triste de todo es que los usuarios finales quieren consumir cultura, la necesitan y siguen estando en el punto de mira de la gentuza de siempre bajo apelativos infames.

La Ley Sinde está dentro de la Ley de Economía Sostenible, con lo que olvidémosnos de cultura porque en realidad siempre se han tratado otras cosas y nosotros como gilipollas pensando en echar una mano… Aquí lo que se cuece es una industria perra que quiere moder la mano de quien le da de comer y nuestros defensores, en lugar de hacer su trabajo, instigan aún más.

Que os den por culo artistas de mierda, llorones hipócritas, esclavos de la industria. Tenéis todo aquello que habéis sembrado.

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2 comentarios en “Ley Sinde (o cómo tratar la cultura como moneda de cambio)

  1. En lugar de lucahr por gestionar sus obras luchan porque otros se las gestionen y les paguen una mierda.
    No se trata ya ni de ser artista, simplemente no son ni medianamente inteligentes.
    Tampoco son leales a sus admiradores o seguidores, de quienes demuestran cada vez más y más, que sólo les interesa su dinero.

    Como bien dices: que les jodan.
    Todos sabemos crear, que no es tan difícil, pero tal vez no todos queramos vendernos a la industria y sangrar a los que les interesa nuestra obra.

    (¿El cine español se piratea? ¿Pero se lo baja alguien?).

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