Tan real…

Salí corriendo detrás de ella, apartando a las demás mujeres del local. Vio sólo lo que quiso ver mientras yo no era consciente. Había odio y tristeza en las lágrimas que caían al suelo. Alguien casi me detiene en mitad del camino pensando que la perseguía para hacerle daño…

Me despistó por momentos ocultándose en una casa de madera que había al final de un puente colgante. Avancé lentamente y entré. Unas niñas sentadas en el suelo me apuntaban con sus muñecas. Crucé la habitación y la encontré al fondo, apoyada en el armario con un cuchillo. Su voz temblaba entre sollozos.

“Daría todo por ti, pero hoy vine para que fueras tú quien me salvara a mí”, le dije. Se desplomó y me abrazó con fuerza.

Un estruendo rompió el mágico momento. Caían rocas del cielo sobre el techo mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. No había escapatoria. Un final que nos unió como nada antes pudo hacerlo.

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