Drupal & Beers en Cáceres

Ayer asistí a mi primera Drupal & Beers en Cáceres con un par de amigos drupaleros. Fue una experiencia totalmente recomendada (y no lo digo sólo por las cervezas).

Llevo ya varios años trabajando con drupal pero nunca al nivel que lo estoy haciendo los últimos meses. La quedada informal fue muy interesante, no sólo por estar con amigos, sino porque hablamos de cosas de trabajo con un aire distendido y sin miedo a compartir conocimientos. Todos comentamos proyectos en los que estamos o hemos estado inmersos, recordando anécdotas, dolores de cabezas y logros. Fue sencillamente genial.

Sin duda, compartir conocimiento es bueno y, desde luego, en mi profesión se nota mucho más. Salí con la cabeza llena de ideas interesantes y nuevas perspectivas de cómo hacer determinadas cosas y de cómo no hacer otras (quizá mucho más importante).

Los drupaleros cacereños deberían animarse a venir a este tipo de eventos, al menos una vez y que juzguen ellos mismos si merece la pena repetir. Yo ya estoy pensando en el siguiente.

2013

Siempre que se acerca un año nuevo, uno tiende a hacer planes que difícilmente podrá cumplir. El misticismo que nos empapa la cabeza en estas fechas, nos hace vivir unos días irreales rodeados de todas esas cosas que deberían darse a lo largo de todo el año.

También es tiempo de añorar más que nunca a esas personas que ya no están a nuestro lado.

Espero que este año sea simplemente diferente, mucho más positivo para la gente que me rodea (con eso soy feliz). No quiero nada más. Deberíamos contentarnos con cositas pequeñas. Para qué más…

Tú no puedes comprar el viento, tú no puedes comprar el sol, tú no puedes comprar la lluvia, tú no puedes comprar el calor, tú no puedes comprar las nubes, tú no puedes comprar los colores, tú no puedes comprar mi alegría, tú no puedes comprar mis dolores

Adiós sus señorías

Tranquilos, amigos, ¡no me estoy despidiendo! El otro día tuve la osadía de comer viendo el telediario de las 15:00 y salió una noticia que me enterneció el corazón: “el Congreso de los Diputados cierra una etapa”. Digo que me enterneció porque era como cuando se acaba el curso y todos los alumnos se despiden los unos de los otros, con abrazos, besos e incluso algunas lágrimas de desconsuelo. Sinceramente, se me humedecieron los ojos… Es muy bonito ver cómo se dejan las tontas redencillas atrás y en plena efervescencia de sentimientos aflora ese cariño que en el fondo se profesan.

Algunos de los diputados llevan media vida trabajando para y por los españoles y ya han estimado que es hora de dejarlo. Otros, sin embargo, se mantienen al pie del cañón porque estiman que todavía pueden dar mucha guerra… Y como en todo trabajo, cuando te despides, te corresponde el deseado finiquito para ayudarte en tu nueva etapa: el paro.

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Las personas marcan la diferencia

Casi me hacen creérmelo, al menos en el sentido que ellos pretendían…

Cuando uno ya cuenta con una cierta edad, tiende a pensar las cosas que le dicen (si le interesan, claro) desde puntos de vista más críticos. Si además la conversación se ve impregnada por tintes cercanos a la política o si desprenden cierto tufillo a ella, más aún.

Las clases del máster no están siendo todo lo provechosas que yo esperaba pero sí están fomentando mis ganas de diálogo, de análisis constante y de darle una vuelta de tuerca más a las cosas que nos cuentan. Creo que es lo mejor que puedo hacer para aprovechar estas horas “infernales” que saben muchas veces a inacabables.

Todo este amago de disertación viene a raíz de una presentación relacionada con la creación de empresas y las ayudas que están a disposición de los emprendedores en mi región. Las opciones eran múltiples y hubo algún momento en que casi me hicieron pensar que estaba loco no intentando montar un negocio, que había muchísimas facilidades económicas, de asesoramiento,… El problema surgió cuando vi ciertas cifras en las trasparencia, que básicamente no me cuadraban: la asignación de ayudas. No eran tan generosas como nos lo pintaban. Hablaban de dinero público y claro justificaban que no se podía repartir a lo loco.

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