2013

Siempre que se acerca un año nuevo, uno tiende a hacer planes que difícilmente podrá cumplir. El misticismo que nos empapa la cabeza en estas fechas, nos hace vivir unos días irreales rodeados de todas esas cosas que deberían darse a lo largo de todo el año.

También es tiempo de añorar más que nunca a esas personas que ya no están a nuestro lado.

Espero que este año sea simplemente diferente, mucho más positivo para la gente que me rodea (con eso soy feliz). No quiero nada más. Deberíamos contentarnos con cositas pequeñas. Para qué más…

Tú no puedes comprar el viento, tú no puedes comprar el sol, tú no puedes comprar la lluvia, tú no puedes comprar el calor, tú no puedes comprar las nubes, tú no puedes comprar los colores, tú no puedes comprar mi alegría, tú no puedes comprar mis dolores

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Crowdfunding: otra manera de creer en los proyectos

Con el café en una mano y twitter en la pantalla, he recordado un tweet que se envió durante el 2º networking del BellotaValley : Lola Flores inventó el crowdfunding cuando dijo “si cada español me da una peseta consigo pagar mi denuncia”.

Para mucha gente, la iniciativa del crowdfunding es totalmente desconocida aunque, en los tiempos que corren, está tomando cada vez más fuerza. Consiste básicamente en financiar un proyecto de forma colectiva por personas que están interesadas en el mismo. Podría compararse a las donaciones del siglo XXI, por si alguien no lo termina de entender. Está ligado a las comunidades online, redes sociales, micropagos,…

Los proyectos pueden ser de cualquier temática y no es necesario que sean muy costosos para tener que colaborar. Simplemente hazlo si te gusta o te apetece. No hay más.

Uno de los ejemplos más interesantes de nuestro país quizá sea El Cosmonauta, un largometraje de ciencia ficción producido con fondos obtenido mediante crowdfunding y por el uso de licencias de creative commons.

En mi tierra, tengo cerca otro proyecto muy interesante y curioso por su forma de ser. Se llama Deformología. Trata de un escritor que quiere dar a conocer su obra y te da todas las facilidades del mundo para ello. Él sólo te pide a cambio que le escribas unas líneas propias en su blog y te envía una copia en pdf del libro que te interese. Es genial, ¡no me digáis que no!
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Adiós sus señorías

Tranquilos, amigos, ¡no me estoy despidiendo! El otro día tuve la osadía de comer viendo el telediario de las 15:00 y salió una noticia que me enterneció el corazón: “el Congreso de los Diputados cierra una etapa”. Digo que me enterneció porque era como cuando se acaba el curso y todos los alumnos se despiden los unos de los otros, con abrazos, besos e incluso algunas lágrimas de desconsuelo. Sinceramente, se me humedecieron los ojos… Es muy bonito ver cómo se dejan las tontas redencillas atrás y en plena efervescencia de sentimientos aflora ese cariño que en el fondo se profesan.

Algunos de los diputados llevan media vida trabajando para y por los españoles y ya han estimado que es hora de dejarlo. Otros, sin embargo, se mantienen al pie del cañón porque estiman que todavía pueden dar mucha guerra… Y como en todo trabajo, cuando te despides, te corresponde el deseado finiquito para ayudarte en tu nueva etapa: el paro.

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Las personas marcan la diferencia

Casi me hacen creérmelo, al menos en el sentido que ellos pretendían…

Cuando uno ya cuenta con una cierta edad, tiende a pensar las cosas que le dicen (si le interesan, claro) desde puntos de vista más críticos. Si además la conversación se ve impregnada por tintes cercanos a la política o si desprenden cierto tufillo a ella, más aún.

Las clases del máster no están siendo todo lo provechosas que yo esperaba pero sí están fomentando mis ganas de diálogo, de análisis constante y de darle una vuelta de tuerca más a las cosas que nos cuentan. Creo que es lo mejor que puedo hacer para aprovechar estas horas “infernales” que saben muchas veces a inacabables.

Todo este amago de disertación viene a raíz de una presentación relacionada con la creación de empresas y las ayudas que están a disposición de los emprendedores en mi región. Las opciones eran múltiples y hubo algún momento en que casi me hicieron pensar que estaba loco no intentando montar un negocio, que había muchísimas facilidades económicas, de asesoramiento,… El problema surgió cuando vi ciertas cifras en las trasparencia, que básicamente no me cuadraban: la asignación de ayudas. No eran tan generosas como nos lo pintaban. Hablaban de dinero público y claro justificaban que no se podía repartir a lo loco.

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