Conversación mirando cuadros

  • Amigo 1: Veo que estáis aquí haciéndoos los interesantes, para que esas dos tías os vean.
  • Amigo 2: La verdad es que no, pero están buenas.
  • Amigo 1: Joder, a mí me ha mirado la morena. Cuando ven las tías que eres camarero o que tocas la guitarra, se vuelven como locas.
  • Amigo 2: Yo como bien los coños…
  • Amigo 1: Joder qué bruto eres. Para llegar a eso hay que pasar primero por salir, por invitarle a una copa, a cenar, decirle cositas,…
  • Amigo 3: ¡Gilipolleces! Sólo hay que decirle: “déjame que te coma el coño y si te gusta, ya tendremos tiempo para conocernos”.
Anuncios

Anécdota: el alcohol, sus horarios y restricciones

También podría haber titulado el artículo algo así: “cómo tocarte los huevos a las 22:20”, pero no hubiera sido igual de claro.

Curiosamente, el viernes decidí no salir por la noche y quedarme en casa a ver una película cenando cualquier tontería y bebiendo una cervecita. Mierda, me había quedado sin cerveza. ¿Qué hace alguien en un momento tan delicado como éste? Se arma de valor y baja a la multitienda de turno a pedir un litro. ¡Mierda, de nuevo! (en un tono de sorpresa y rabia). Como son más de las 22:00 ya no te venden alcohol (eran las 22:20 como anticipé). Lo peor no es eso, es que tienen el valor de ofrecerme una fantita.

  • “No, señorita, vine únicamente a por una cerveza, para cenar tranquilamente en mi casa”.
  • Lo siento, no podemos vendérsela.

Entiendo que las autoridades quieran erradicar el botellón (que en gran medida, ya está erradicado, por desgracia), que quieran ponérselo difícil a los jóvenes, que intenten velar por nuestra salud. Pero ¿no hay otras formas más lógicas de hacerlo?

Sigue leyendo

El límite de la resaca

El límite de la resaca lo pongo yo”, pensaba mientras ingería litros de cerveza sin control. Las horas pasaban muy lentamente. Demasiado pronto para empezar esta vez. “Ponme otra, por favor”, dije en un idioma casi imperceptible. De ahora en adelante utilizaré la mímica. Será más ético que atacar a la pobre camarera con mi aliento fétido.

Abrazos, besos, gritos y voces desacompasadas con la música que retumbaba en el local. Cualquier excusa era buena para disfrutar de la noche.

Un lapsus mental en mitad de la nada me hizo escapar del caos un instante. Mientras tanto, sentía las miradas que analizaban cada uno de mis movimientos. Era inevitable volver a la realidad antes o después. Apuré para recordarla una vez más. Volví a hacer el gilipollas, ha vuelto a saber de mí…

Un golpe en la espalda casi me hace tirar el culo de cerveza que quedaba en el vaso. Todo seguía como lo dejé minutos antes.

Hoy intento repasar mentalmente y me doy cuenta de que no recuerdo nada. En un futuro quizás vuelvan a mi cabeza todas aquellas noches que creo haber disfrutado con la conciencia embriagada. O quizás mejor seguir así, soñándolas, ignorándolas,… Simplemente feliz.