Extraño

Qué extraño es todo cuando aquello que diariamente te acompañaba, desaparece. Los días cada vez se hacen más cortos y sólo hay ganas de tumbarse a descansar, mirando con anhelo todo lo que antes te empujaba a moverte. Un mero paso hacia el óxido del cuerpo te sume en un ciclo de decadencia del que es difícil deshacerse. Necesitamos la vitalidad de nuestros congéneres para arrancar las ganas… Simplemente las ganas…

Olvidate de mí

Antes de haber visto Olvídate de mí, escribí lo siguiente. Después de verla, decidí compartirlo.

Te admiro porque sigues viva
aun con el paso de los años.

Sigues siendo una niña
clara en emociones, tímida e infantil.

Reluces en tus palabras, en tus gestos,
provocándome en mi más oculta añoranza.

Fui como tú hace tanto tiempo ya…

Y ahora que más te necesito,
soy yo el que camina en sentido opuesto.

Perdido, como la luna en la noche oscura,
queriendo reaparecer de entre las sombras.

Quizás deba aferrarme a lo que fui,
soñar que aún es posible, con o sin ti…

Colapso mental

Llevo ya un par de semanas en los que me noto desubicado mentalmente, confuso, bloqueado. El culpable, mi trabajo y mi actitud.

Hace años, mi jefe me dijo algo así: “el trabajo de administrador de sistemas es, diría yo, vocacional, muy sacrificado y está muy poco reconocido o valorado por los que no entienden de estas cosas”. Pese a todo, acepté el desafío ya que este mundillo cada vez me parecía más interesante en cada paso que daba. Es un reto intentar mejorar las cosas que están hechas, mantener las existentes, investigar en el amplio abanico de posibilidades que existen para hacer una misma cosa (también hay partes mecánicas o rutinarias, como en todo).

Pero estoy empezando a notar los efectos de hacer cada vez más mío el trabajo. Me levanto y el instinto me lleva a encender el ordenador, calentar el café e ir directo a la ducha. En ese orden estricto. Con las primeras gotas de agua, empiezo a recopilar en mi cabeza las tareas que quedé pendiente el día anterior y tras el primer sorbo de café, busco soluciones a los problemas que aún tengo en el aire. Durante el trabajo, estoy inmerso en pantallas negras y miles de webs buscando información de lo que toque en ese momento, absorto, ausente, serio, concentrado. Salgo del trabajo y mi cabeza sigue procesando la información leía, dando vueltas a lo que he hecho y que parece que no debo volver a tocar porque ya se ha solucionado (siempre dudo). Llego a casa y descargo el correo (también el del trabajo) y antes de ir a comer, me aseguro de que no ha habido ninguna novedad en los 15 minutos de trayecto en coche (me salvo unas horas de esto cuando me da por comer fuera). Por la tarde, si estoy en casa, me mantengo alerta y reviso el correo (cada vez más de lo necesario). En la noche, cuando me meto en la cama, empiezo a ser feliz de nuevo.

Lo peor de todo, es que creo que me estoy encerrando en mí mismo, me estoy volviendo menos social. Al menos soy consciente de ello. Cuando ya no lo sea, recordádmelo.

Escuchando Hidden track de The Gathering (en bucle infinito)

La lucha contra las máquinas

Últimamente mi compañera me llama Neo (como al personaje de Matrix) porque me paso día y noche luchando contra las máquinas. Se empeñan en no funcionar, parece que se rebelan. Es increíble que esta contienda siga aun estando separado de ellas y que sea capaz de sacar lo mejor y lo peor de mí. Hasta ahora les he ganado terreno pero no paro de recordar el final de la trilogía. Espero que haya un fin alternativo esta vez…

Universos paralelos

Se ha vuelto a parar el reloj en mi cabeza. Respiro hondo antes de desconectar del mundo una noche más. Estoy deseando cubrirme con las frías sábanas y caer de nuevo en un sueño profundo. Los días pasan sin control ni remedio. A veces pienso si realmente los estoy exprimiendo al máximo (seguramente no). Sé que me falta algo que acelere mi universo, que lo trastoque, que lo acaricie, que lo detenga. Un universo paralelo que en el infinito acabe fundiéndose con el mío.