Próximo destino: Marruecos

En apenas unos días estaré al otro lado del charco, en tierra marroquí, disfrutando de mis últimos días de vacaciones del año. Estoy ansioso, nervioso por muchos motivos. No conozco a nadie que haya estado allí y no quiera repetir. Parecen incluso más entusiasmados que yo mismo. Esta misma mañana un compañero del trabajo me contaba lo bien que lo había pasado (acaba de llegar de allí), no paró de darme consejos, bien aprendidos a lo largo de su estancia, sugiriendome sitios que visitar, qué hacer, cómo actuar y sobre todo, me recalcó que estuviera tranquilo, que es una zona muy tranquila y segura. Que si hay no sé cuántos policías por turista y pitos y flautas.

Curiosamente, después de saborear el café y zamparme los bollos de chocolate, lo único que aún seguía haciendo ruido en mi cabeza eran las palabras de tranquilidad. ¿Por qué? Porque son difíciles de encajar, porque no lo vas a terminar de creer hasta que estés de vuelta. Sí, esa es la realidad.
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Viraje hacia la mala leche y el surrealismo

Ataviado con demasiadas necesidades en mantener una conducta comedida en el blog, creo que debería volver a la esencia inicial de esta bitácora. El problema es que no sé si me exige demasiado tiempo ponerme con ella o simplemente debería ser más liberal con mis tendencias redactoras y plasmar lo que escupo tal cual sale.

Este dilema (que ya casi está resuelto) se debe sobre todo a la mala leche que me crea ver que hay gente que mira las palabras pero no las lee, que oye pero no escucha, que habla cuando debería callar.

Por todos ellos, volveré.

Dark City (un mundo paralelo es posible)

En la vorágine en que vivimos, el camino recto viene marcado por la actuación de cada individuo como ente único y en la correcta colaboración entre nosotros. En nuestro interior se encuentra tan sólo la complejidad más inmensa, quizás sólo comparable a la del universo (tal vez somos un microcosmos de sensaciones y sentimientos que se ven desbordados diariamente por las interrelaciones con nuestros semejantes).

Sería una locura pensar que en nuestras manos no existe el poder de cambiar las cosas, al igual que sería una locura saberlo y actuar sin hacer uso del sentido común o de la irresponsabilidad. Todos los días estamos a prueba y eso no es excusa para dejar de luchar por uno mismo y por los demás. La vida es muy corta para vivirla y muy larga para reprocharse lo que no hemos querido vivir.

Por lo tanto, la única pregunta que cabe hacerse es: ¿tú qué vas a hacer?

A ti, artista llorón

Estoy cansado ya de escuchar los mismos y tristes argumentos de un gran número de mal llamados artistas: La cultura se muere o nos morimos de hambre, los cabrones de los piratas que nos roban, queremos vivir de nuestro trabajo, nos pagan un porcentaje muy pequeño,…

Acusar a la piratería de lo mal que van las cosas no es más que un vago ejercicio de autocrítica y egocentrismo, de un análisis superficial del problema actual. Decir que la cultura se muere es simplemente una aberración. Que la gente quiera vivir de su trabajo no es algo nuevo ni está únicamente unido al sector artístico. Que pagan poco, como en la mayoría de los trabajos.

Vivimos en una época de enormes cambios morales, sociales,…, y muchos de ellos siguen analizándose bajo cánones desfasados, criticándose desde puntos de vista irracionales. Aparte de que deberíamos realizar análisis y críticas basándonos en otros criterios, lo que realmente necesitamos es un cambio de mentalidad y ganas de buscar soluciones. Ya no vale echar la culpa a otros, ¿cuántos putos años tenemos?

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