Anécdota: el alcohol, sus horarios y restricciones

También podría haber titulado el artículo algo así: “cómo tocarte los huevos a las 22:20”, pero no hubiera sido igual de claro.

Curiosamente, el viernes decidí no salir por la noche y quedarme en casa a ver una película cenando cualquier tontería y bebiendo una cervecita. Mierda, me había quedado sin cerveza. ¿Qué hace alguien en un momento tan delicado como éste? Se arma de valor y baja a la multitienda de turno a pedir un litro. ¡Mierda, de nuevo! (en un tono de sorpresa y rabia). Como son más de las 22:00 ya no te venden alcohol (eran las 22:20 como anticipé). Lo peor no es eso, es que tienen el valor de ofrecerme una fantita.

  • “No, señorita, vine únicamente a por una cerveza, para cenar tranquilamente en mi casa”.
  • Lo siento, no podemos vendérsela.

Entiendo que las autoridades quieran erradicar el botellón (que en gran medida, ya está erradicado, por desgracia), que quieran ponérselo difícil a los jóvenes, que intenten velar por nuestra salud. Pero ¿no hay otras formas más lógicas de hacerlo?

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Reflexión sobre las frases de medianoche

Ayer tocaba conciertazo en el Mistura frente a las alternativas del Barroco con Sex Museum o del Gran Teatro. Tuvimos que esperar más de una hora hasta que arreglaron el tema del sonido. Mientras tanto, la espera se basó en fantita de naranja y cerveza. Para colmo, estaba el viejo borracho de turno que hace que todos nos riamos, unas veces de él y otras con él. Al grito de “¡guapa!” (el alcohol o la vista, pero algo le fallaba) o “¡empezad ya, que ya he pagado la entrada!” (irónicamente, era gratis) pasaban los minutos.

Por fin, comenzó y creo que aguantamos media hora antes de irnos por lo decepcionante que sonaban. Detrás de nosotros (y estoy seguro que aprovecharon nuestro levantamiento) hubo más gente que pensó lo mismo.

De ahí a por más cervezas a otro bar: ¡coño, copaza! ¡Esta cerveza sí que me va a sentar bien! Charlas, divagaciones, risas, saludos a conocidos y frases que pensaba colgar esta mañana en mi blog. Dándole vueltas a la cabeza, intentando desenmarañarlas de mi efímera resaca, al final me abstengo. Nada resulta tan gracioso sin su contexto. Así que, como tampoco tengo ánimo para explicarle a los pocos curiosos sobre el significado de las rayadas mentales de medianoche, habrá que esperar hasta que salgan frases lo suficiente meritorias.