Feria del queso de Trujillo (sobre gentes y demás)

Fue dicho y hecho. Después de una noche de lo más movidita, nos levantamos temprano y nos fuimos a Trujillo para disfrutar un año más de la feria del queso. Nada más llegar, lo imposible: aparcar. Un par de vueltas y listo. Hubo suerte. De ahí a otra tarea de tintes épicos: sacar los tickets para la degustación de vino y queso. Aquí tardamos un poquito más, cerca de media hora. Al final, como siempre, te dan una lista con precios y con un rápido cálculo mental, debes decidir cuánto queso y bebida aceptará tu cuerpo a lo largo del día (volver a hacer cola no es una opción).

Una vez pasado lo más duro, un par de suspiros profundos y listos para pasear por los puestos. Lo más llamativo sin duda alguna es el gentío de un lado a otro, esquivándose con las bandejitas improvisadas llenas de queso para la familia, acompañantes o amigos.

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