Odio tu puta música enlatada

Después de un viaje de ida y vuelta en el mismo día a Madrid, me quedaban fuerzas para tomar una cerveza (que se presumía rápida) en un bar concierto en el que, un martes noche, ofrecían una jam session. Mi asombro empezó nada más llegar ya que no cabía un alma más en el local: ¡coño, qué raro un martes! Cuando conseguí entrar, empecé a ver muchas caras conocidas, sobre todo de músicos. “Estos cabrones tienen tirón”, pensé. Una cerveza y comenzó el estruendo: acordes generosos para que los artistas dieran rienda suelta a su sabiduría.

Al principio me supo a más de lo mismo, lo que había visto y escuchado otras veces de manos de los mismos. Pero cambié de opinión rápidamente. Un amigo se subió con su guitarra y demostró que hay otras cosas que se pueden hacer. Interpretó con el resto un tema de Django Reinhardt.

NOTA: el que no conozca a Django probablemente está intoxicado por el conocido mal de “la música enlatada”.

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Fica (y otras reflexiones sobre cine)

Ayer 14 de julio, mis amigos me convencieron para ir a Villanueva de la Serena a ver un concierto de Christina Rosenvinge. Curiosamente, el ambiente que nos encontramos fue algo muy distinto al que nos esperábamos. ¿Por qué? Mejor sigan leyendo.

Ante nuestros ojos estábamos ante el FICA09: festival internacional de creación audiovisual. Nos sorprendimos porque no habíamos oído hablar de él previamente. Además, después de haber hecho unos kilómetros a ciegas por desconocer si las entradas para el concierto se compraban allí y dónde sería, para entrar al festival necesitábamos invitación (no nos valió pedir que nos invitaran para sentirnos invitados). El concierto era en el mismo lugar.

Al final, después de marear la perdiz, conseguimos entrar. Nos sentamos, se alzó el telón y, con una luz intimista, unas notas de piano junto a la voz de Christina abrieron el festival. ¡Genial!

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Sábado de Womad’09

El sábado de Womad amanecí bastante temprano. El motivo: la fiesta de los gorros y los sombreros. Una fiesta rescatada por un amigo entre loco y original que servía como excusa para que todos nos reuniésemos, celebrásemos su cumpleaños y disfrutáramos y recordáramos el día como uno especial.

Comenzamos en el bar Salas, bar mítico donde los haya en la cultura de las tapas cacereña, sobre la 13:30 con unos pequeños nubarrones que pretendían competir con nuestro poderío. Llegué de los últimos y nada más ver las caras y las indumentarias sabía que no sería capaz de imaginar lo que se avecinaba.

“Trae un par de litros más y un par de vasos”. ¡Un sitio libre! Cogedlo que voy a por el coche, exclamó Chino. La originalidad nos sobra, pensó otro. Cogió la silla y la cerveza y cruzó la calle para reservar el aparcamiento hasta que llegara el chico y su bólido.

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Viernes de Womad’09

El viernes de Womad se presentaba mucho más animado después de una mañana de trabajo tranquila. Quedé con mi amigo Isra que ya había hecho un repaso a los artistas del día y tenía una propuesta clara: el espectáculo estaba en la plaza San Jorge.

El primer concierto al que llegamos fue el de Hindi Zahra, que sonaba muy bien, música muy fresca, pero mientras cogíamos sitio y comprábamos un litro de cerveza en formato granizada, apenas pudimos disfrutarla. Para que no nos pasara lo mismo la siguiente vez, nos centramos y nos posicionamos delante del escenario, expectantes ante el inminente comienzo de Seckou Keita. La gente se mostraba muy entregada, dando palmas, brincando,…, cuando Seckou se fundía con su kora. José y Ana se unieron a la fiesta en cuanto nos localizaron gracias a una bolsa de patatas “el gallo” alzada como si fuese una bandera. A partir de este momento, la maldad se apropió de nosotros y empezamos a sacar parecidos razonables (el violinista del grupo se parecía al hermano alto de Willow).

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Jueves de Womad’09

Un par de platos de espaguetis a la carbonara para coger fuerzas y relajantes naturales para mimetizarse con el ambiente fueron el comienzo del primer día de WOMAD del 2009. A las 19:00 ya estábamos comprando los primeros litros de calimocho para sofocar el intenso calor. Los conciertos empezaban tarde, así que dimos una vuelta corta para coger el programa, echar un ojo por los distintos rincones y de ahí a buscar un sitio donde pararnos un ratino.

Empezó a sonar Manantial Folk que sobre todo animó a las generaciones más lejanas gracias a su música tradicional. Yo aún no estaba muy animado y además estaba pendiente de engullir un rosendo que acababa de comprar. Curiosamente, en una pausa para seguir con la puesta a punto del escenario, un par de individuos se instalaron a nuestro lado con una mini batería y un diyiridú. Nada más ni nada menos que los australianos Wild Marmalade. En cuestión de un minuto, la gente los rodeaba y aturdidos intentaban asimilar unos ritmos extremos que a más de uno le hizo botar.

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