Un día extraño (pero hermoso)

En el fondo me encantan los días extraños. Hoy fue uno de ellos sin venir a cuento. Me acordé de alguien mientras no ocurría nada especial para que volviera a mi mente. Añorar de nuevo, después de tanto… Casi olvidado el pasado y de repente, vuelve más fuerte que nunca para sacarte una sonrisa y rompértela a cachitos después, dejándote el regustillo a placer volatilizado. Siempre pensamos que tiempo pasado fue mejor… Quizás sea por falta de optimismo, porque nos gusta ser nuestras propias víctimas de vez en cuando. O quizás tan sólo ocurre en los días que evocamos lo que a fuego se grabó en nuestro corazón o porque cada vez se desvanece todo más rápido y parece que ese fuego ya no será tan poderoso.

Y posiblemente, lo más curioso sea, que en el fondo, da igual si estas líneas hacen que a otra mente regrese lo que llegó esta tarde a la mía. Yo volví a soñar con aquello que dejé atrás porque la vida así lo dispuso y fui feliz por un instante que ahora mismo creo durará hasta que me suma en el sueño que remarque a fuego lento lo que a fuego incandescente un día se marcó…

Olvidate de mí

Antes de haber visto Olvídate de mí, escribí lo siguiente. Después de verla, decidí compartirlo.

Te admiro porque sigues viva
aun con el paso de los años.

Sigues siendo una niña
clara en emociones, tímida e infantil.

Reluces en tus palabras, en tus gestos,
provocándome en mi más oculta añoranza.

Fui como tú hace tanto tiempo ya…

Y ahora que más te necesito,
soy yo el que camina en sentido opuesto.

Perdido, como la luna en la noche oscura,
queriendo reaparecer de entre las sombras.

Quizás deba aferrarme a lo que fui,
soñar que aún es posible, con o sin ti…

Aroma de mujer o una extraña sensación

Únicamente quiero sentir el aroma de una mujer a mi lado, yaciendo juntos en mitad de la oscuridad, dejando que me rocen sus cabellos la cara para anularme el resto de los sentidos, ausente de tacto o quizás la yema de los dedos deslizándose casi imperceptible por su espalda desnuda.

No necesito saber su nombre, ni conocer su rostro. Una noche abrigada por el silencio sería perfecta. Y en la fría mañana, despertar tan sólo con su olor aún impregnado en las sábanas.

Hasta siempre Pachi

Hacía mucho tiempo que no tenía el pecho tan oprimido como esta tarde, ni las lágrimas apunto de caer. Volver a ver tantas caras conocidas, muchas añoradas y siempre recordadas, todos unidos para despedirnos de un ser muy querido: Pachi. Cuando supe la noticia, la primera sensación fue de incredulidad. Pacífico era de esas personas que uno cree que vivirán para siempre, que escapará a las leyes de la naturaleza. En realidad, lo hará ya que se ganó un hueco en muchos de nuestros corazones.

Guardo sus enseñanzas, recuerdo sus expresiones, sus risas, sus trampas,… Siempre me sorprendió más por la forma de hacer las cosas que por el hecho de hacerlas. Nunca vi a nadie tan entregado (siempre presumía de que sus días valían por dos y que tenía cientos de años cuando yo apenas tenía trece), con tanta fuerza en sus críticas contra las injusticias o contra sus propios hermanos. Pero siempre era desde un amor generoso, con ánimo de perdón, desde la humildad.

Éstas son líneas que surgen fluidamente, pero pesan porque implican un adiós. Los humanos somos así de sentidos en estos casos. En vida disfrutamos con él todo lo que pudimos y ahora que no está presente físicamente, lo añoramos aun sabiendo que está donde debe y donde siempre quiso estar.

Hoy le canté en silencio, sin mi vieja guitarra, alejado de compañeros de angelus pasados, con el corazón y desde el corazón.

Hasta siempre, mi amigo, mi hermano.