Crowdfunding: otra manera de creer en los proyectos

Con el café en una mano y twitter en la pantalla, he recordado un tweet que se envió durante el 2º networking del BellotaValley : Lola Flores inventó el crowdfunding cuando dijo “si cada español me da una peseta consigo pagar mi denuncia”.

Para mucha gente, la iniciativa del crowdfunding es totalmente desconocida aunque, en los tiempos que corren, está tomando cada vez más fuerza. Consiste básicamente en financiar un proyecto de forma colectiva por personas que están interesadas en el mismo. Podría compararse a las donaciones del siglo XXI, por si alguien no lo termina de entender. Está ligado a las comunidades online, redes sociales, micropagos,…

Los proyectos pueden ser de cualquier temática y no es necesario que sean muy costosos para tener que colaborar. Simplemente hazlo si te gusta o te apetece. No hay más.

Uno de los ejemplos más interesantes de nuestro país quizá sea El Cosmonauta, un largometraje de ciencia ficción producido con fondos obtenido mediante crowdfunding y por el uso de licencias de creative commons.

En mi tierra, tengo cerca otro proyecto muy interesante y curioso por su forma de ser. Se llama Deformología. Trata de un escritor que quiere dar a conocer su obra y te da todas las facilidades del mundo para ello. Él sólo te pide a cambio que le escribas unas líneas propias en su blog y te envía una copia en pdf del libro que te interese. Es genial, ¡no me digáis que no!
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Ley Sinde (o cómo tratar la cultura como moneda de cambio)

Mucho se ha hablado ya y seguro que se hablará mucho más aún de la Ley Sinde. Habrá quien ahora esté aplaudiendo esta victoria, jactándose de los que hemos intentado parar este despropósito sin suerte.

El diálogo que curiosamente debería haber girado entorno a cómo se gestionan los derechos de autor, de cómo deben ser compatibles con el acceso a la cultura de modo universal y sobre la capacidad de difundirla a través de canales acordes al momento en que nos encontramos, al final se ha centrado meramente en la necesidad de compensar económicamente a un colectivo reducido y maltrecho que quiere vivir de su trabajo (ojo, querer no es deber).

Nuestros políticos y sus secuaces, teniendo a toda una sociedad bien informada que ha querido prestar sus servicios desinteresados de asesoramiento, han hecho oídos sordos y se han cerrado en banda ante la posibilidad de implantar (o al menos a ayudar) millares de alternativas frente a la que ellos han estimado la única y más absurda opción: poner puertas al mar.

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Próximo destino: Marruecos

En apenas unos días estaré al otro lado del charco, en tierra marroquí, disfrutando de mis últimos días de vacaciones del año. Estoy ansioso, nervioso por muchos motivos. No conozco a nadie que haya estado allí y no quiera repetir. Parecen incluso más entusiasmados que yo mismo. Esta misma mañana un compañero del trabajo me contaba lo bien que lo había pasado (acaba de llegar de allí), no paró de darme consejos, bien aprendidos a lo largo de su estancia, sugiriendome sitios que visitar, qué hacer, cómo actuar y sobre todo, me recalcó que estuviera tranquilo, que es una zona muy tranquila y segura. Que si hay no sé cuántos policías por turista y pitos y flautas.

Curiosamente, después de saborear el café y zamparme los bollos de chocolate, lo único que aún seguía haciendo ruido en mi cabeza eran las palabras de tranquilidad. ¿Por qué? Porque son difíciles de encajar, porque no lo vas a terminar de creer hasta que estés de vuelta. Sí, esa es la realidad.
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Que te den morcilla

Esta frase nos la habrán dicho más de una vez a lo largo de nuestra vida. Pues para que sepáis, no es tan suave como aparenta. Por lo visto, viene de un hecho que ocurría hace tiempo atrás. Alude a épocas en las que las personas sufrían de hidrofobia (miedo al agua) tras ser mordidos por animales rabiosos. Las autoridades ordenaban dar muerte a los perros callejeros usando morcilla envenenada con estricnina.

Bueno, ahora que conocéis su significado y su procedencia, sed cautelosos con la persona que os lo diga porque detrás de todo un Dr. Jekyll puede esconderse un Mr. Hyde.

A ti, artista llorón

Estoy cansado ya de escuchar los mismos y tristes argumentos de un gran número de mal llamados artistas: La cultura se muere o nos morimos de hambre, los cabrones de los piratas que nos roban, queremos vivir de nuestro trabajo, nos pagan un porcentaje muy pequeño,…

Acusar a la piratería de lo mal que van las cosas no es más que un vago ejercicio de autocrítica y egocentrismo, de un análisis superficial del problema actual. Decir que la cultura se muere es simplemente una aberración. Que la gente quiera vivir de su trabajo no es algo nuevo ni está únicamente unido al sector artístico. Que pagan poco, como en la mayoría de los trabajos.

Vivimos en una época de enormes cambios morales, sociales,…, y muchos de ellos siguen analizándose bajo cánones desfasados, criticándose desde puntos de vista irracionales. Aparte de que deberíamos realizar análisis y críticas basándonos en otros criterios, lo que realmente necesitamos es un cambio de mentalidad y ganas de buscar soluciones. Ya no vale echar la culpa a otros, ¿cuántos putos años tenemos?

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