Próximo destino: Marruecos

En apenas unos días estaré al otro lado del charco, en tierra marroquí, disfrutando de mis últimos días de vacaciones del año. Estoy ansioso, nervioso por muchos motivos. No conozco a nadie que haya estado allí y no quiera repetir. Parecen incluso más entusiasmados que yo mismo. Esta misma mañana un compañero del trabajo me contaba lo bien que lo había pasado (acaba de llegar de allí), no paró de darme consejos, bien aprendidos a lo largo de su estancia, sugiriendome sitios que visitar, qué hacer, cómo actuar y sobre todo, me recalcó que estuviera tranquilo, que es una zona muy tranquila y segura. Que si hay no sé cuántos policías por turista y pitos y flautas.

Curiosamente, después de saborear el café y zamparme los bollos de chocolate, lo único que aún seguía haciendo ruido en mi cabeza eran las palabras de tranquilidad. ¿Por qué? Porque son difíciles de encajar, porque no lo vas a terminar de creer hasta que estés de vuelta. Sí, esa es la realidad.
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Sábado de Womad’09

El sábado de Womad amanecí bastante temprano. El motivo: la fiesta de los gorros y los sombreros. Una fiesta rescatada por un amigo entre loco y original que servía como excusa para que todos nos reuniésemos, celebrásemos su cumpleaños y disfrutáramos y recordáramos el día como uno especial.

Comenzamos en el bar Salas, bar mítico donde los haya en la cultura de las tapas cacereña, sobre la 13:30 con unos pequeños nubarrones que pretendían competir con nuestro poderío. Llegué de los últimos y nada más ver las caras y las indumentarias sabía que no sería capaz de imaginar lo que se avecinaba.

“Trae un par de litros más y un par de vasos”. ¡Un sitio libre! Cogedlo que voy a por el coche, exclamó Chino. La originalidad nos sobra, pensó otro. Cogió la silla y la cerveza y cruzó la calle para reservar el aparcamiento hasta que llegara el chico y su bólido.

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Viernes de Womad’09

El viernes de Womad se presentaba mucho más animado después de una mañana de trabajo tranquila. Quedé con mi amigo Isra que ya había hecho un repaso a los artistas del día y tenía una propuesta clara: el espectáculo estaba en la plaza San Jorge.

El primer concierto al que llegamos fue el de Hindi Zahra, que sonaba muy bien, música muy fresca, pero mientras cogíamos sitio y comprábamos un litro de cerveza en formato granizada, apenas pudimos disfrutarla. Para que no nos pasara lo mismo la siguiente vez, nos centramos y nos posicionamos delante del escenario, expectantes ante el inminente comienzo de Seckou Keita. La gente se mostraba muy entregada, dando palmas, brincando,…, cuando Seckou se fundía con su kora. José y Ana se unieron a la fiesta en cuanto nos localizaron gracias a una bolsa de patatas “el gallo” alzada como si fuese una bandera. A partir de este momento, la maldad se apropió de nosotros y empezamos a sacar parecidos razonables (el violinista del grupo se parecía al hermano alto de Willow).

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Jueves de Womad’09

Un par de platos de espaguetis a la carbonara para coger fuerzas y relajantes naturales para mimetizarse con el ambiente fueron el comienzo del primer día de WOMAD del 2009. A las 19:00 ya estábamos comprando los primeros litros de calimocho para sofocar el intenso calor. Los conciertos empezaban tarde, así que dimos una vuelta corta para coger el programa, echar un ojo por los distintos rincones y de ahí a buscar un sitio donde pararnos un ratino.

Empezó a sonar Manantial Folk que sobre todo animó a las generaciones más lejanas gracias a su música tradicional. Yo aún no estaba muy animado y además estaba pendiente de engullir un rosendo que acababa de comprar. Curiosamente, en una pausa para seguir con la puesta a punto del escenario, un par de individuos se instalaron a nuestro lado con una mini batería y un diyiridú. Nada más ni nada menos que los australianos Wild Marmalade. En cuestión de un minuto, la gente los rodeaba y aturdidos intentaban asimilar unos ritmos extremos que a más de uno le hizo botar.

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Cultura: realidad o ficción

En el capítulo Homerpalooza de Los Simpson, Homer se preguntaba por qué se seguía haciendo música si la perfección de la misma se había alcanzado en 1974, afirmando también que era un hecho demostrado científicamente.

Actualmente, bajo la perspectiva del “todo vale”, los magos de la publicidad realizan su trabajo cuidadosamente para que consumamos aquello que ponen frente a nuestros sentidos. Productos bien etiquetados que provoquen reacciones similares al perro de Pávlov, basándose previamente en estudios concienzudos subvencionados habitualmente por grandes empresas. Pocos se salvan. A veces me recuerda a la escena de la naranja mecánica en la que intentan rehabilitar al protagonista, amordazado a una silla mientras un médico (o científico) le pone colirio en los ojos para que no pierda detalle alguno de las imágenes que le pasan por una pantalla gigante (sensacional Kubrick).

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