Anécdota: el alcohol, sus horarios y restricciones

También podría haber titulado el artículo algo así: “cómo tocarte los huevos a las 22:20”, pero no hubiera sido igual de claro.

Curiosamente, el viernes decidí no salir por la noche y quedarme en casa a ver una película cenando cualquier tontería y bebiendo una cervecita. Mierda, me había quedado sin cerveza. ¿Qué hace alguien en un momento tan delicado como éste? Se arma de valor y baja a la multitienda de turno a pedir un litro. ¡Mierda, de nuevo! (en un tono de sorpresa y rabia). Como son más de las 22:00 ya no te venden alcohol (eran las 22:20 como anticipé). Lo peor no es eso, es que tienen el valor de ofrecerme una fantita.

  • “No, señorita, vine únicamente a por una cerveza, para cenar tranquilamente en mi casa”.
  • Lo siento, no podemos vendérsela.

Entiendo que las autoridades quieran erradicar el botellón (que en gran medida, ya está erradicado, por desgracia), que quieran ponérselo difícil a los jóvenes, que intenten velar por nuestra salud. Pero ¿no hay otras formas más lógicas de hacerlo?

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Cultura: realidad o ficción

En el capítulo Homerpalooza de Los Simpson, Homer se preguntaba por qué se seguía haciendo música si la perfección de la misma se había alcanzado en 1974, afirmando también que era un hecho demostrado científicamente.

Actualmente, bajo la perspectiva del “todo vale”, los magos de la publicidad realizan su trabajo cuidadosamente para que consumamos aquello que ponen frente a nuestros sentidos. Productos bien etiquetados que provoquen reacciones similares al perro de Pávlov, basándose previamente en estudios concienzudos subvencionados habitualmente por grandes empresas. Pocos se salvan. A veces me recuerda a la escena de la naranja mecánica en la que intentan rehabilitar al protagonista, amordazado a una silla mientras un médico (o científico) le pone colirio en los ojos para que no pierda detalle alguno de las imágenes que le pasan por una pantalla gigante (sensacional Kubrick).

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Libertad de información y de expresión

Como extremeño, me he hecho eco estos días de noticias como:

En realidad me da igual todo este tema. Queda patente que estamos ante un claro ejemplo de subnormalidad por parte de todos: actuaciones pueriles, lloros, quejas, pataleos, “vamos a ponernos a la misma altura”,… Cada uno que haga lo que crea oportuno y diga las sandeces y verdades que estime mientras sea desde el respeto.

Sin embargo, me resulta más interesante un tema que ha quedado relegado a un segundo plano. La foto originaria utilizada en el polémico cartel. Gracias a la entrada de un amigo, pude llegar hasta el autor: Mauricio Laya. Parece por los comentarios en la foto, que está concienciado con la problemática de la pobreza en el mundo, ya que pretende dejar huella con sus fotografías inmortalizando las realidades sociales de zonas no tan afortunadas como las nuestras.

Suñé hizo uso de la foto sin importarle la licencia de autor con lo cual incurrío en un delito contra la propiedad intelectual (no lo sé a ciencia cierta, pero dudo que Mauricio le diera permiso para este caso e incluso entre los comentarios en Flickr, se le indica del plagio). Algunos pensarán que esto es lo de menos con todo el revuelo que ha habido. Sinceramente, a mí me preocupa más que se use una foto con niños pobres en un cartel con ánimos políticos que el insulto a mi calidad de extremeño. Y ya que también está de moda salvaguardar la propiedad intelectual, espero que se tomen las medidas oportunas contra él, junto con las que ya se han tomado.

Pero también me interesa saber hasta qué punto se pueden hacer fotos de niños para mostrar ciertas realidades. Los niños también tienen derechos y difundir fotos de ellos sin pedirles permiso, también es delito, aunque sea para hacer el bien o ayudar, pese a lo irónico que suena (no quiero que se entienda como una crítica directa a Mauricio, no voy por ahí).

Parece que estamos en una cadena de delitos, donde lo que más importancia cobra es lo de siempre.

Ley sobre la violencia de género

Leo en en el blog de Bibiana (Ministra de Igualdad) que se ha aprobado la Ley Integral contra la Violencia de Género. Creo que es una noticia que nos alegra a muchos. Pero me llamó la atención sobre todo, que a lo largo del post, nos comenta que hay que reflexionar, dar proteción a la mujer, …, y todo en torno a la mujer. Y acaba con una frase tajante: “No entender esto es no entender en qué consiste la violencia de género”.

Con esto queda claro que los agresores siempre seremos los hombres y las víctimas las mujeres (seguro que habéis apelado a las estadísticas y me habéis tachado de machista como apelativo más suave).

¿Os habéis preguntado qué pasa con el colectivo gay? ¿Violencia de género debe interpretarse únicamente como violencia física? ¿Se estudia a todos los sujetos para saber las causas que le llevaron a hacer uso de esta violencia (no quiero que se entienda la pregunta como un intento de justificar la violencia)?

¿No deberíamos empezar también a hablar con un poco más de propiedad y romper ciertos prejuicios que no hacen más que oscurecernos el raciocinio, el sentido común?