Libertad de información y de expresión

Como extremeño, me he hecho eco estos días de noticias como:

En realidad me da igual todo este tema. Queda patente que estamos ante un claro ejemplo de subnormalidad por parte de todos: actuaciones pueriles, lloros, quejas, pataleos, “vamos a ponernos a la misma altura”,… Cada uno que haga lo que crea oportuno y diga las sandeces y verdades que estime mientras sea desde el respeto.

Sin embargo, me resulta más interesante un tema que ha quedado relegado a un segundo plano. La foto originaria utilizada en el polémico cartel. Gracias a la entrada de un amigo, pude llegar hasta el autor: Mauricio Laya. Parece por los comentarios en la foto, que está concienciado con la problemática de la pobreza en el mundo, ya que pretende dejar huella con sus fotografías inmortalizando las realidades sociales de zonas no tan afortunadas como las nuestras.

Suñé hizo uso de la foto sin importarle la licencia de autor con lo cual incurrío en un delito contra la propiedad intelectual (no lo sé a ciencia cierta, pero dudo que Mauricio le diera permiso para este caso e incluso entre los comentarios en Flickr, se le indica del plagio). Algunos pensarán que esto es lo de menos con todo el revuelo que ha habido. Sinceramente, a mí me preocupa más que se use una foto con niños pobres en un cartel con ánimos políticos que el insulto a mi calidad de extremeño. Y ya que también está de moda salvaguardar la propiedad intelectual, espero que se tomen las medidas oportunas contra él, junto con las que ya se han tomado.

Pero también me interesa saber hasta qué punto se pueden hacer fotos de niños para mostrar ciertas realidades. Los niños también tienen derechos y difundir fotos de ellos sin pedirles permiso, también es delito, aunque sea para hacer el bien o ayudar, pese a lo irónico que suena (no quiero que se entienda como una crítica directa a Mauricio, no voy por ahí).

Parece que estamos en una cadena de delitos, donde lo que más importancia cobra es lo de siempre.

Independencia

Queda atrás ya el primer año cubierto de antagonismos: fiestas y tranquilidad, locuras y reflexiones, amores y desamores,…

Ahora, en el ocaso del camino, me veo mucho más calmado, intentando abarcar nuevos proyectos y recuperar los que cayeron en el olvido. Pronto iniciaré una nueva etapa más individual. Esa es mi idea, ya está decidido. Hacemos bromas sobre este tema, planeamos un futuro que se perfila presente y que ansío que se retrase aún un poco más para relamerme con los últimos meses, los más agridulces.

El primer paso mereció la pena darlo, no tengo ninguna duda (ojalá empezase de nuevo). No sé lo que me espera cuando cruce la nueva puerta, qué sorpresas… Una época que estará marcada por añoranzas durante un tiempo, pero sobre todo sin miedos. He aprendido a afrontarlos. No soy más valiente que nadie, quizás demasiado afortunado por la gente que me rodeó.

Desde aquí, sólo me queda daros las gracias…