Heavy metal

Desde que mi amigo Dani, hace ya por lo menos 15 años, me pasó la cinta de vídeo The song remains the same de Led Zeppelin y desde que mi vecino me prestó unos viejos discos que no quería para nada (Mob Rules de Black Sabbath, Lovedrive de Scorpions, Volumen Brutal en versión inglesa de Barón Rojo, The wild, the willing and the innocent de UFO y alguno más recopilatorio) me convertí en un amante del rock y del heavy metal.

Empecé a comprar mis primeros cds con lo que ahorraba de la paga, por no decir que casi toda iba para música ya que el alcohol (ese gran desconocido entonces…) aún no rozaba mis labios ni empapaba mis entrañas. Comencé también a dejarme el pelo largo, no mucho, lo justo para moverlo airosamente al ritmo de los riffs infernales de guitarras y la batería e incluso me compré alguna camiseta negra. Voceaba, como muchos dirían, con los decibelios repartidos por el cuerpo y me dejaba llevar para sacar todo lo que guardaba dentro. Mi bello se erizaban de lo que disfrutaba escuchando la ensordecedora música.

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