Por honor

Afilé el cuchillo sentado frente al espejo. Mi mirada estaba fija en mis propios ojos, desvanecidos en pensamientos forjados a través de los siglos. El tiempo parecía haberse detenido y el ruido de los coches, los gritos de la gente que se colaban por las ventanas quedaban en leves susurros para mi mente. Respiré hondo y me puse en pie. El pulso ya no me temblaba, estaba convencido. Dejé la carta apoyada en nuestro retrato, en un sobre blanco en el que sólo ponía su nombre. Até la cinta en mi frente y salí a caminar. Todos se apartaban de mi lado, con la mirada perpleja. Una voz a los lejos me susurraba que siguiera hacia delante, sin miedo, con la cabeza alta: “nunca más sentirás dolor, te acogeré una vez más en mi seno”.

Ahora en el mundo se escucha una vez más: “ahí va otro estúpido mártir que no supo cuestionar su fe”.

Ojos de desconfianza

Mi viejo amigo. Veo el miedo en tu cara, tus ojos de desconfianza. Para ti soy tan sólo un joven lleno de odio al que dejaste en herencia un mundo de papel que se deshace lentamente. Piensas que cargaré contra ti para apaciguar mi ira.

Bien sabes que sólo intento sobrevivir. Crees que soy una hiena, intentando llevarme a la boca algún pedazo de carne a toda costa. En realidad, me incitan a ello todos los días. Hoy estoy calmado. Mañana cúbrete las espaldas: puedes ser mi siguiente víctima.

La lucha contra las máquinas

Últimamente mi compañera me llama Neo (como al personaje de Matrix) porque me paso día y noche luchando contra las máquinas. Se empeñan en no funcionar, parece que se rebelan. Es increíble que esta contienda siga aun estando separado de ellas y que sea capaz de sacar lo mejor y lo peor de mí. Hasta ahora les he ganado terreno pero no paro de recordar el final de la trilogía. Espero que haya un fin alternativo esta vez…

Por el amor de dios

Hace ya muchos años que llevo tocando la guitarra. Por desgracia, últimamente sólo la cojo para quitarle el polvo o cuando realmente me siento motivado (pocas veces, la verdad). La canción de Steve Vai, For the love of God, es uno de esos retos que tengo postergados en el tiempo y que de nuevo me revuelve el estómago para incitarme a aprenderla. Es quizás la canción instrumental que más me ha gustado y que más me ha erizado el vello de todas las que he escuchado. Posee desde mi punto de vista una de las cosas más olvidadas en muchos músicos virtuosos: el sentimiento y la sensación que trasmite al que la escucha. Es demasiado hermosa como para disfrutarla una única vez y cada vez que me invade, me vuelvo más adicto a ella.

Además, gracias a las nuevas tecnologías, conseguí el vídeo de la canción y mi sorpresa fue que el conjunto de música e imagen era aún más poderoso de lo que podía imaginar. Es un contraste y una reflexión de los logros y las barbaridades de la humanidad a lo largo de la historia: aquellas personas influyentes que lucharon por sus semejantes, por la vida, el arte, la cultura,…, y en la antípoda, la muerte, la guerra, la destrucción,… Pasan los años y todo sigue igual.

Lo mejor del vídeo quizás sea la reflexión final, que resume lo que muchos aún pensamos y seguiremos pensando durante mucho tiempo: Podemos ser humanos… Pero todavía somos animales.