Olvidate de mí

Antes de haber visto Olvídate de mí, escribí lo siguiente. Después de verla, decidí compartirlo.

Te admiro porque sigues viva
aun con el paso de los años.

Sigues siendo una niña
clara en emociones, tímida e infantil.

Reluces en tus palabras, en tus gestos,
provocándome en mi más oculta añoranza.

Fui como tú hace tanto tiempo ya…

Y ahora que más te necesito,
soy yo el que camina en sentido opuesto.

Perdido, como la luna en la noche oscura,
queriendo reaparecer de entre las sombras.

Quizás deba aferrarme a lo que fui,
soñar que aún es posible, con o sin ti…

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Otra sangre

Hoy he venido para colarme entre tus sábanas.

No para hacerte el amor sino para matarte.

Quiero arrancarte la vida, estrellarte contra el espejo
y ver cómo se derrama tu sangre con la mirada
aún intentando comprender por qué mis manos
se marcan en tu cuello a punto de romperse.

No es un momento de locura pasajera.

Quiero arrancarte la vida una y otra vez
hasta no dejar huella alguna de tu existencia.
Es un paso más en mi búsqueda del placer,
más macabro de lo que pudiste pensar.

No puedo controlar la bestia que me desgarra.

Te arrancaré la vida antes de que se apacigüe.
Siento el mar desbocado. Nada puede salvarte.
El viento me arrastra y desvanecerá el olor
a vida marchita que quedará en mi piel.

No sólo morirás tú. Moriré yo.

Y otra alma nacerá de tanta destrucción…

Tengo el corazón cansado (gracias Pacífico)

Hace mucho tiempo ya, escribí un poema titulado “Tengo el corazón cansado”. La frase se la robé (con permiso posterior) a una persona que formó parte de mi vida durante mucho tiempo, primero como profesor, más tarde como amigo y ahora como un recuerdo aún vivo. Si soy sincero, apenas sé de él ya, pese a todo lo que le debo. De sus palabras siempre saqué fuerzas, enseñanzas, compasión, risas, críticas constructivas,… Antes o después la vida te obliga a caminar por tu propia senda. Yo lo hice quizás en una dirección que me apartó de su lado, pero me llevé la mochila cargada de su espíritu.

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