Anécdota: el alcohol, sus horarios y restricciones

También podría haber titulado el artículo algo así: “cómo tocarte los huevos a las 22:20”, pero no hubiera sido igual de claro.

Curiosamente, el viernes decidí no salir por la noche y quedarme en casa a ver una película cenando cualquier tontería y bebiendo una cervecita. Mierda, me había quedado sin cerveza. ¿Qué hace alguien en un momento tan delicado como éste? Se arma de valor y baja a la multitienda de turno a pedir un litro. ¡Mierda, de nuevo! (en un tono de sorpresa y rabia). Como son más de las 22:00 ya no te venden alcohol (eran las 22:20 como anticipé). Lo peor no es eso, es que tienen el valor de ofrecerme una fantita.

  • “No, señorita, vine únicamente a por una cerveza, para cenar tranquilamente en mi casa”.
  • Lo siento, no podemos vendérsela.

Entiendo que las autoridades quieran erradicar el botellón (que en gran medida, ya está erradicado, por desgracia), que quieran ponérselo difícil a los jóvenes, que intenten velar por nuestra salud. Pero ¿no hay otras formas más lógicas de hacerlo?

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Unos días por Madrid

No estoy de vacaciones, pero se parece mucho. No puedo hacer nada más que pasear, comer y dormir (una terna maravillosa para más de uno). Estoy totalmente desubicado, intento centrarme pero todo va demasiado rápido en esta ciudad del caos. Seguramente tendrá cosas muy bonitas para ver pero no he sacado tiempo para buscarlas. Lo más interesante es hacer un análisis visual de las personas, sus formas de actuar, deducir sus orígenes y sus vidas. En mi ciudad sería muy complicado encontrarse con una fauna tan variada.

Digo “fauna” porque sin duda esto se parece a una jungla donde la supervivencia es el máximo exponente de lo que algunos intuyen en vida. Orientales, latinos, africanos, … Siempre he pensado que la diversidad es necesaria y enriquecedora. Pero en épocas de crisis, todos sacamos los dientes y nos aferramos a lo que haga falta con tal de salir a delante.

¿Miedo? Siempre a lo desconocido o más bien a las reputaciones adquiridas. Algunos dirán que son merecidas, otros dirán lo contrario. Yo no tendré tiempo de averiguarlo. En pocos días, vuelvo a mi hogar.

Desconexión mental

He leído hace poco que el aburrimiento es buen compañero de la creatividad y que la hiperactividad mental o la falta de descanso neuronal son malos aliados.

No sé la certeza real de todo este asunto. Es necesario descansar para que nuestro organismo responda día tras día, pero ¿tanto nos puede limitar nuestra capacidad creativa el hecho de tener pocos o muchos días muy ocupados, agobiados, estresados, incapaces de desconectar de la realidad que nos rodea? ¿No es posible que incluso pudiese venir bien en algunos momentos y que durante esos instantes puedan darse también resquicios de creatividad?

Supongo que si gran parte de las creaciones parten de la propia experiencia personal, sería absurdo pensar que en un mundo idílico podría haber canciones, escritos, narraciones,…, de cierta índole. ¿Y qué pasaría en un mundo caótico donde no se puede pensar nada más que en el día a día? ¿Viviríamos en un mundo vacío de canciones, escritos, narraciones,…?

La lucha contra las máquinas

Últimamente mi compañera me llama Neo (como al personaje de Matrix) porque me paso día y noche luchando contra las máquinas. Se empeñan en no funcionar, parece que se rebelan. Es increíble que esta contienda siga aun estando separado de ellas y que sea capaz de sacar lo mejor y lo peor de mí. Hasta ahora les he ganado terreno pero no paro de recordar el final de la trilogía. Espero que haya un fin alternativo esta vez…