Un día extraño (pero hermoso)

En el fondo me encantan los días extraños. Hoy fue uno de ellos sin venir a cuento. Me acordé de alguien mientras no ocurría nada especial para que volviera a mi mente. Añorar de nuevo, después de tanto… Casi olvidado el pasado y de repente, vuelve más fuerte que nunca para sacarte una sonrisa y rompértela a cachitos después, dejándote el regustillo a placer volatilizado. Siempre pensamos que tiempo pasado fue mejor… Quizás sea por falta de optimismo, porque nos gusta ser nuestras propias víctimas de vez en cuando. O quizás tan sólo ocurre en los días que evocamos lo que a fuego se grabó en nuestro corazón o porque cada vez se desvanece todo más rápido y parece que ese fuego ya no será tan poderoso.

Y posiblemente, lo más curioso sea, que en el fondo, da igual si estas líneas hacen que a otra mente regrese lo que llegó esta tarde a la mía. Yo volví a soñar con aquello que dejé atrás porque la vida así lo dispuso y fui feliz por un instante que ahora mismo creo durará hasta que me suma en el sueño que remarque a fuego lento lo que a fuego incandescente un día se marcó…

Song to the siren

Cuando cae la noche y la luna juega a esconderse en el cielo, la vigilia me arrastra hasta vidas pasadas, cabalgando junto a marinos en sus barcos, sumidos en la quietud del mar, iluminados únicamente por farolillos en vaivén constante, esperando un canto de sirena que nos despierte y nos empuje hasta sus brazos una vez más.

Lentamente

Ella no me espera, está distraída mirando al infinito, ausente entre el aroma de la hierba mojada y la poca luz de la luna que sobresale entre los nubarrones.  La miro desde lejos, escondiéndome entre los arbustos, moviéndome lentamente entre los árboles, acechándola con los cinco sentidos.

Despreocupada se tumba y cierra los ojos. Cada vez estoy más cerca. Siento los dientes afilados y el corazón acelerarse… De un salto acabo encima de ella, con la mirada fija en su blanca piel, sujetándola con fuerza por las muñecas.

Ella me mira, sonríe y me susurra al oído: “te cacé”.

Unos días por Madrid

No estoy de vacaciones, pero se parece mucho. No puedo hacer nada más que pasear, comer y dormir (una terna maravillosa para más de uno). Estoy totalmente desubicado, intento centrarme pero todo va demasiado rápido en esta ciudad del caos. Seguramente tendrá cosas muy bonitas para ver pero no he sacado tiempo para buscarlas. Lo más interesante es hacer un análisis visual de las personas, sus formas de actuar, deducir sus orígenes y sus vidas. En mi ciudad sería muy complicado encontrarse con una fauna tan variada.

Digo “fauna” porque sin duda esto se parece a una jungla donde la supervivencia es el máximo exponente de lo que algunos intuyen en vida. Orientales, latinos, africanos, … Siempre he pensado que la diversidad es necesaria y enriquecedora. Pero en épocas de crisis, todos sacamos los dientes y nos aferramos a lo que haga falta con tal de salir a delante.

¿Miedo? Siempre a lo desconocido o más bien a las reputaciones adquiridas. Algunos dirán que son merecidas, otros dirán lo contrario. Yo no tendré tiempo de averiguarlo. En pocos días, vuelvo a mi hogar.