Sábado de Womad’09

El sábado de Womad amanecí bastante temprano. El motivo: la fiesta de los gorros y los sombreros. Una fiesta rescatada por un amigo entre loco y original que servía como excusa para que todos nos reuniésemos, celebrásemos su cumpleaños y disfrutáramos y recordáramos el día como uno especial.

Comenzamos en el bar Salas, bar mítico donde los haya en la cultura de las tapas cacereña, sobre la 13:30 con unos pequeños nubarrones que pretendían competir con nuestro poderío. Llegué de los últimos y nada más ver las caras y las indumentarias sabía que no sería capaz de imaginar lo que se avecinaba.

“Trae un par de litros más y un par de vasos”. ¡Un sitio libre! Cogedlo que voy a por el coche, exclamó Chino. La originalidad nos sobra, pensó otro. Cogió la silla y la cerveza y cruzó la calle para reservar el aparcamiento hasta que llegara el chico y su bólido.

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Viernes de Womad’09

El viernes de Womad se presentaba mucho más animado después de una mañana de trabajo tranquila. Quedé con mi amigo Isra que ya había hecho un repaso a los artistas del día y tenía una propuesta clara: el espectáculo estaba en la plaza San Jorge.

El primer concierto al que llegamos fue el de Hindi Zahra, que sonaba muy bien, música muy fresca, pero mientras cogíamos sitio y comprábamos un litro de cerveza en formato granizada, apenas pudimos disfrutarla. Para que no nos pasara lo mismo la siguiente vez, nos centramos y nos posicionamos delante del escenario, expectantes ante el inminente comienzo de Seckou Keita. La gente se mostraba muy entregada, dando palmas, brincando,…, cuando Seckou se fundía con su kora. José y Ana se unieron a la fiesta en cuanto nos localizaron gracias a una bolsa de patatas “el gallo” alzada como si fuese una bandera. A partir de este momento, la maldad se apropió de nosotros y empezamos a sacar parecidos razonables (el violinista del grupo se parecía al hermano alto de Willow).

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Jueves de Womad’09

Un par de platos de espaguetis a la carbonara para coger fuerzas y relajantes naturales para mimetizarse con el ambiente fueron el comienzo del primer día de WOMAD del 2009. A las 19:00 ya estábamos comprando los primeros litros de calimocho para sofocar el intenso calor. Los conciertos empezaban tarde, así que dimos una vuelta corta para coger el programa, echar un ojo por los distintos rincones y de ahí a buscar un sitio donde pararnos un ratino.

Empezó a sonar Manantial Folk que sobre todo animó a las generaciones más lejanas gracias a su música tradicional. Yo aún no estaba muy animado y además estaba pendiente de engullir un rosendo que acababa de comprar. Curiosamente, en una pausa para seguir con la puesta a punto del escenario, un par de individuos se instalaron a nuestro lado con una mini batería y un diyiridú. Nada más ni nada menos que los australianos Wild Marmalade. En cuestión de un minuto, la gente los rodeaba y aturdidos intentaban asimilar unos ritmos extremos que a más de uno le hizo botar.

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Womad 2008

“Bendito Womad que vuelves un año más” pensé cuando después de tantas dudas pudimos volver a disfrutarlo. El jueves únicamente había conciertos en el Gran Teatro, así que preferí buscar el ambiente por las calles y dejar que la música de percusión de aficionados me invadiera. Una toma de contacto demasiado tranquila, acompañada de un calimocho de dudosa calidad. Como era de esperar, la noche no dio para mucho viendo que el tiempo no acompañaba: charletas, brindis, alguna foto y a dormir.

El viernes no me levanté muy fino (inversión en buen vino es inversión en salud) pero estaba decidido a romper en cada esquina botando como un loco. Me interesaban sobre todo Josh Dion Band, una banda rockera estadounidense y Concha Buika, aunque ya la había visto en directo. Al final fue una decepción de día porque nos dimos al rollo botellón en la plaza y casi nos dormimos con Planeta Suroeste, un grupo extremeño excesivamente tranquilo y con los japoneses Pascals, con una puesta en escena más bien teatral, porque en cuanto a música, prefiero no hacer comentarios. La fiesta sin duda alguna brotó en la plaza San Jorge, donde rebosaba en cada milímetro cubierto por el gentío que no paraba de saltar al ritmo de una música que merecía haber sonado en el escenario principal: Siyaya de Zimbabwe, Darga de Marruecos y Aynur de Turquía. Una pena que no se entrase. Al final, lo impensable, a las 23:00 en casita, aburrido y descansando para ver si había más suerte al día siguiente.

Mientras me hacía una buena comida el sábado por la mañana, Radio 3 me daba vida con un repaso de los conciertos que habían sonado los días anteriores. Me preparé bien y me lancé a la aventura solito. Pensé que con la lluvia se cancelarían algunos conciertos, pero esta vez pude disfrutar con Cukinho de Extremadura, Mariem Hassam del Sahara, David D’or de Israel y Khaled de Argelia. Fue una noche casi perfecta. Nos juntamos muchos amigos, brotaron las risas, canté, bailé, me compré un gorro y presencié cómo este festival puede hermanar a personas venidas de distintas partes del mundo, sacando lo mejor de todos nosotros. Me supo a poco pero mejor fue esto que no haberlo tenido.